Hanoi (VNA) Antes de la llegada de las grandes religiones a la tierra en forma de S, los vietnamitas desarrollaron sus propias creencias. 

Además del homenaje a los ancestros, fundadores de la artesanía y héroes patrióticos, el culto a los cuatro santos inmortales Tan Vien, Thanh Giong, Chu Dong Tu y Chua Lieu Hanh constituye una ceremonia muy propia del país indochino. 

La estatua de Thanh Giong (Santo Giong), en la zona de reliquias del templo de Soc (Fuente: VNA)

Tan Vien simboliza el deseo de vencer las calamidades naturales, sobre todo, las inundaciones. Thanh Giong (Santo Giong) es una materialización del espíritu patriótico contra los invasores. Chu Dong Tu ejemplifica el amor sin fronteras, mientras la historia de Chua Lieu Hanh o Señora Lieu, testimonia el papel de las mujeres en la sociedad antigua vietnamita. 

Según la leyenda de la llanura norteña, Tan Vien, un campesino valiente, misericordioso y talentoso, se convirtió en el dios de las montañas o Son Tinh, pues enseñó a los pobladores a cultivar arroz, cazar, pescar, practicar artes marciales y hacer fiestas. Su opositor era Thuy Tinh, el señor malvado acompañado de demonios acuáticos, que solían robar cosechas, matar ganados y atacar a los pobladores. 

El emperador Hung de las tribus vietnamitas abrió una competencia para seleccionar al marido de su hija única, la bella My Nuong. Tras una pareja porfía de poderes sobrenaturales, Son Tinh venció a Thuy Tinh y se llevó a la princesa. 

Cegado por la furia, Thuy Tinh lideró a todo su malévolo ejército de saurios y tritones en la invasión a las tierras del rey Hung. Tan Vien – Son Tinh, los pobladores y los animales terrestres libraron una férrea lucha para defender sus hogares. Cada vez que subió el agua de los ríos y el mar dominados por Thuy Tinh, las invocaciones de Son Tinh elevaron las montañas como protección de los arrozales. Una vez más, Thuy Tinh fue derrotado. 

La batalla entre Tan Vien y Thuy Tinh refleja la historia y el pensamiento de un pueblo que reside entre montaña y mar, vive de agricultura y combate año tras año contra desastres naturales. El culto a Tan Vien es como si fuera un elogio a los esfuerzos humanos por la sobrevivencia pese a desfavorables condiciones naturales. 

Las primeras prácticas del culto a Tan Vien se remontan a tiempos muy lejanos. En el año 250 ANE, el rey vietnamita An Duong Vuong ordenó construir el templo a Son Tinh en la montaña de Tan Vien (de aquí el origen de su nombre) en el actual distrito Son Tay, en los suburbios de Hanoi. 

El festejo del dios Tan Vien, que se celebra cada tres años en la primera luna llena, atrae a decenas de miles de personas e incluye coloridas actividades como peregrinaje del Son Tinh, la ofrenda de 99 peces en representación de las derrotadas tropas de Thuy Tinh, danza de gallos, torneo de ajedrez y cantos colectivos. 

En la edad medieval, el propio Rey o un real representante suyo ofrendaban inciensos a ese héroe inmortal, y hoy día tal ritual cuenta con la participación de dirigentes del Estado. 

La leyenda de Thanh Giong, o el Santo Giong, es una epopeya de la fuerza de la unidad nacional en la lucha contra los invasores. Nacido en una familia campesina en la aldea de Phu Dong, en el actual distrito Gia Lam de Hanoi, el niño Giong, incapaz de hablar o reír hasta los tres años, creció en medio del amor de sus progenitores y los vecinos. 

Sin embargo, la vida tranquila de los aldeanos de Phu Dong se interrumpió por la invasión de los bárbaros An desde el Norte. Ante la crueldad de los enemigos hacia sus compatriotas, el infante se convirtió de repente en un caballero con infinita fuerza física. 

Vestido con armadura de hierro, montado en un caballo de hierro que respira a fuego y con un látigo también de hierro, Giong atormentó las filas enemigas. El látigo se rompió, pero arrancó bambúes para la sustituirlo y siguió el combate hasta la huída y la derrota total de los invasores. Una vez libre y pacífico su suelo natal, Giong se quitó la armadura y voló hacia el cielo, rechazando todos los honores brindados por la salvación de la Patria. 

El rey Hung lo canonizó Santo Giong o Thanh Giong y ordenó elevar un templo para honrarlo en la montaña de Ve Linh, desde donde el inmortal partió hacia el cielo. 

Cada año, la aldea Phu Dong celebra en el noveno día del cuarto mes lunar la fiesta de Thanh Giong con ceremonias que reviven su historia, incluidas imitaciones de batallas militares y partidos de ajedrez con hombres como piezas de tablero. En 2010, la UNESCO reconoció este festejo como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. 

Chu Dong Tu, el tercero del cuarteto inmortal, nació en la comuna de Da Trach, y el actual distrito Khoai Chau, de la provincia norteña de Hung Yen Huérfano desde niño, el joven Dong Tu vivía de la pesca y pese a su duro trabajo era incapaz de salir de la miseria extrema y no pudo comprarse ni un canzoncillo para tapar su cuerpo. 

Un día, al pescar en el río, Dong Tu vio llegar el barco de la princesa Tien Dung. Miedoso porque su desnudez ante un miembro de la familia real sería una falta de respeto de pena capital, Dong Tu se escondió bajo las arenas de la costa. Pero azares del destino, la linda princesa se quedó maravillada por la belleza de la desierta playa y ordenó cerrarla con cortinas para bañarse. El agua de la ducha corrió la arena y dejó descubierto al escondido pescador. 

Tras el susto del primer momento, Tien Dung se calmó y conversó con el pobre Dong Tu. Conmovida por la situación del desamparado joven y a la vez atraída por sus virtudes, la princesa se enamoró y decidió casarse con él. 

Ante el rechazo del rey, los dos se fugaron de pueblo en pueblo y practicaron diversos oficios para ganarse la vida. En un viaje se encontraron con un dios quien, convencido de su bondad y firme voluntad, les abrió el secreto de poderes mitológicos y el camino a la inmortalidad. 

Desde entonces, Dong Tu y Tien Dung se convirtieron en santos que protegen a los débiles, ayudan a los comerciantes, pescadores, tejedores y campesinos, trayendo así la prosperidad al pueblo. 

El templo a Dong Tu y su esposa fue edificado en su propia tierra natal y la conmemoración anual, en el segundo mes lunar se integra a múltiples festejos folklóricos que constituyen un homenaje de los vietnamitas al amor verdadero y valiente, así como una expresión del deseo de lograr una vida próspera a través del trabajo digno. 

La última y única mujer de los inmortales es Chua Lieu Hanh o Señora Lieu Hanh. Originalmente la princesa del Dios Supremo que reinaba en el paraíso, Lieu Hanh se encarnó en una hija de la familia Le, residente en Phu Giay, del actual distrito Vu Ban, de la provincia norteña de Nam Dinh. 

Poseedora de las cuatro virtudes ideales para una fémina, según el concepto tradicional de Asia Oriental, que son la laboriosidad, belleza, buen lenguaje y correcto tratamiento, Lieu Hanh, protegida además por los dioses, dedicaba su vida a la defensa de los desamparados, las mujeres y los niños, al igual que a la lucha contra el mal. El pueblo la nombró Señora y sus templos hoy día se sitúan en diferentes localidades del país. 

La imagen de Chua Lieu Hanh es una combinación de las destacadas cualidades de las vietnamitas, como amor materno, consagración, laboriosidad, inteligencia, piedad y valentía. Para los hijos de esta tierra, ella será para siempre la “sagrada y santa madre de todos”. 

En su natal Phu Giay, las fiestas en su honor duran nueve días al principio del tercer mes de cada año lunar con la participación de decenas de miles de seguidores. 

Las mitologías del cuarteto inmortal no pertenecen a autores concretos sino salieron de la imaginación colectiva de las antiguas generaciones vietnamitas. Los cuatro santos, protectores de cuatro aspectos vitales, constituyen así rasgos singulares de esta milenaria cultura. – VNA