Por Dr. Ruvislei González Saez, Investigador sobre temas de la República Socialista de Vietnam. Jefe de Equipo de Asia y Oceanía del Centro de Investigaciones de Política Internacional de Cuba

Ruvislei González Saez, fefe de Equipo de Asia y Oceanía del Centro de Investigaciones de Política Internacional de Cuba

La Habana, 11 sep (VNA)- El 12 de septiembre de 1973, exactamente 45 años atrás, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz arribó a Hanoi, Vietnam, procedente de Argelia luego de haber participado en la IV Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL). Bajo un intenso sol y una temperatura de 31 grados Celsius, Fidel descendió al mediodía por la escalerilla del avión IL-18 en medio de una gran expectación. La capital vietnamita estaba de fiesta desde muy temprano. La visita había conmocionado a cada habitante de esa hermana nación.

Fidel fue recibido en pleno por Le Duan, primer secretario del Partido de los Trabajadores de Vietnam (hoy Partido Comunista), Truong Chinh, presidente de la Asamblea Nacional, Pham Van Dong, primer ministro, el legendario General Vo Nguyen Giap, ministro de Defensa, Nguyen Duy Trinh y Le Thanh Nghi; todos miembros del Buró Político del Partido de los Trabajadores. Una calurosa y fraternal bienvenida acompañada de abrazos y apretones de manos, expresando la fraternidad y afecto entre los pueblos de Cuba y Vietnam. Varios pioneros vietnamitas se acercaron a Fidel para entregarle flores, mientras el líder de la Revolución Cubana se inclinó y besó la mejilla de una de las niñas.

Después de la ceremonia y haber interactuado con el pueblo vietnamita que le esperaba en el aeropuerto el Comandante en Jefe se dirigió en un auto descubierto, que por vez primera fue utilizado en Vietnam en un recibimiento a un jefe de Estado o Gobierno. Lo acompañaron Le Duan, Truong Chinh y Pham Van Dong, mientras el resto de la delegación cubana iba detrás en otros automóviles negros. Apenas llegó a la casa de protocolo, Fidel fue recibido por el presidente en ese entonces, Ton Duc Thang, quien le deseó una grata estancia a él y a toda la delegación cubana. El líder cubano no pudo dejar de expresar su emoción por los sentimientos de afecto y cariño que se habían tenido hasta el momento con todos los cubanos, a la vez que significó el ejemplo de la nación asiática con las siguientes palabras:

“Vietnam es el más extraordinario ejemplo del espíritu revolucionario de un pueblo. Por eso hemos viajado desde Cuba, tan distante geográficamente, pero tan cerca en las ideas y los sentimientos”.

Ese mismo día, a las seis y treinta de la tarde, por el horario de Hanoi ya había oscurecido, Fidel se dirigió al cementerio de Mai Dich para colocar una ofrenda florar en homenaje a los combatientes caídos en las dos últimas guerras de resistencia del pueblo vietnamita contra el colonialismo francés y el imperialismo estadounidense. Cada desplazamiento del Comandante en Jefe era motivo para que el pueblo vietnamita se concentrara en las calles con el propósito de saludarlo a su paso. En su regreso del cementerio se dirigió al Palacio Presidencial para asistir a una recepción que en honor a la delegación cubana ofrecía el Partido de los Trabajadores y el Gobierno de la entonces República Democrática de Vietnam (hoy República Socialista).

Al siguiente día (13 de septiembre de 1973), Fidel realizó una visita a la casa donde vivió Ho Chi Minh, junto al Palacio Presidencial. Acompañado del premier Pham Van Dong y el General Giap recorrió las distintas piezas y áreas exteriores de la que fuese la modesta vivienda del Tío Ho, conservada como Museo. Quien camine por el lugar y haya leído sobre el Gran Líder vietnamita puede darse cuenta de su presencia en el rosal cerca de sus habitaciones y la sencillez de cada uno de los objetos con los que vivía en ese lugar. En su tránsito por el lugar, Fidel recibió una explicación directa de los dirigentes vietnamitas sobre las actividades del eterno presidente de Vietnam. Le mostraron la sala donde se reunía con los miembros del Buró Político y acostumbraba a recibir sus invitados. Luego se desplazaron hacia la planta alta donde se encontraba el dormitorio y donde pudieron ver el sillón colocado junto a un balcón, en el cual Ho Chi Minh se sentaba a leer.

Después la delegación se trasladó a la habitación donde falleció el Tío Ho en septiembre de 1969. Esta fue construida en los días en que los bombardeos estadounidenses eran más intensos sobre Hanoi. En ella se encuentra el mapa de Indochina en que Ho Chi Minh seguía el curso de la guerra. El General Giap le dijo a Fidel que ese mapa reflejaba la situación de la guerra en víspera de su fallecimiento. Se encontraba también en el mapa Laos y Kampuchea (hoy Cambodia), en ese entonces la ruta Ho Chi Minh se comenzaba a construir.

En la propia habitación se le mostró al Comandante en Jefe la cama en que falleció, el dos de septiembre de 1969, el querido líder vietnamita. Al terminar el recorrido las delegaciones de ambas naciones iniciaron las conversaciones oficiales en el Palacio de Gobierno. En la noche de ese propio día el General Vo Nguyen Giap impuso el sello de Combatiente de Dien Bien Phu a Fidel. El líder histórico cubano se encontraba visiblemente emocionado cuando el General Giap le expresó que quería entregarle el sello. La imposición se realizó al final de una visita de más de una hora que Fidel efectuó al Museo del Ejército Popular de Vietnam.

El Comandante en Jefe tuvo el honor de recibir la explicación de la estrategia para el logro de la victoria de Dien Bien Phu del propio artífice, es decir de Giap. Cuando el General vietnamita terminó su exposición que fue precedida a su vez por una detallada explicación dada por el primer teniente Phan Ngoc Quynh, Fidel formuló varias preguntas. El dirigente cubano no perdió un detalle de la exposición, según los que estaban presentes. En el intercambio de preguntas y respuestas los dos grandes estrategas (Giap y Fidel) se levantaban del asiento, se movían juntos y al finalizar subieron al mismo automóvil. Fue un instante único, ver a la vez a dos grandes hombres de la historia de ambos pueblos, solo faltaba en ese momento el Tío Ho. Fidel se lamentó de no haber llegado a tiempo para ver al gran presidente vietnamita antes de 1969, pero sí pudo compartir con otro heroico líder, Giap.

En su discurso el Comandante en Jefe expresó:

Queridos hermanos vietnamitas:

Nuestras dos revoluciones, La Revolución Vietnamita y La Revolución Cuba, una en el Sudeste Asiático y otra en América Latina, constituyen dos acontecimientos de importancia histórica y una enorme contribución a la causa del movimiento revolucionario internacional.

(…) Llegamos a esta tierra heroica con una gran admiración por el pueblo vietnamita, y nos marchamos con una admiración mayor. Nos sentimos estimulados con sus victorias y con su extraordinario ejemplo. Les estamos infinitamente agradecidos por la hospitalidad  y el cariño con que nos han recibido. Y solo nos llevamos un dolor, de no haber llegado a Vietnam antes del 3 de septiembre de 1969 y de no haber tenido el privilegio de conocer en vida al presidente Ho Chi Minh, que tanto admiramos; pero nos compensa el hecho de haber visto y haber conocido de cerca al pueblo vietnamita, y ver reflejada en él su obra, sus enseñanzas, su trabajo, su educación, su ejemplo, su heroísmo, su modestia.

El presidente Ho Chi Minh estaba muy consciente de los valores morales del pueblo vietnamita y siempre se sintió orgulloso de su pueblo. Nosotros, revolucionarios cubanos, como todos los revolucionarios del mundo nos sentimos también orgullosos del pueblo  

En la mañana del 14 de septiembre a las 11:15, Fidel llegó a Dong Hoi, la capital de la provincia de Quang Binh. En esta ciudad fue recibido por Dan Tat, miembro permanente del Buró del Partido de dicha provincia. Desde ese lugar el líder cubano partió rumbo a la zona de Vinh Linh, junto al paralelo 17 en varios yipis y dos ómnibus. El recorrido debía realizarse por aproximadamente 50 kms por caminos complicados causados por las destrucciones de la guerra. Casi al anochecer fue que la delegación llegó a Vinh Linh, una zona donde tan solo se lanzaron toneladas de bombas. Quienes estuvieron por esa zona cuentan que se podía ver los cráteres de los proyectiles lanzados.

Según el propio destacado cineasta y periodista Santiago Álvarez, en la madrugada del día 15 de septiembre, Fidel estaba atravesando el río Ben Hai, que corría junto a la errónea demarcación hecha del paralelo 17, para trasladarse al sur del Vietnam. El líder de la Revolución Cubana fue recibido al otro lado del río por dirigentes del Gobierno Revolucionario Provisional y combatientes de las Fuerzas de Liberación de Vietnam del Sur. 

Ese momento fue muy especial para Fidel. Acababa de materializar el hermoso sueño de avanzar por los lugares donde la guerra alcanzó sus niveles más destructivos, y donde las expresiones de heroísmo del gran pueblo vietnamita se sucedieron en los diez años anteriores a la visita. Fue un suceso sumamente relevante porque había sido el primer Jefe de Gobierno extranjero que visitó la zona liberada de Vietnam del Sur.

En ese momento histórico le acompañaba el entonces director del Noticiero Latinoamericano, Santiago Álvarez, quien filmaría un histórico documental titulado “Los cuatro puentes”. Interesante idea sobre la base del paso cerca de Dong Ha donde había tres puentes sobre el río Cam Lo. El primero fue construido por los franceses, que representaba el colonialismo y estaba destruido; el segundo construido por los estadounidenses, que representaba el neocolonialismo y también estaba destruido. En tanto, el tercero, era un puente vietnamita por el que cruzó el líder histórico cubano, modesto pero nuevo. Sin embargo, el cuarto fue llamado por Santiago como el puente de la solidaridad, el cual fue motivo para el título del documental.

Al pasar por Dong Ha, el pueblo estaba casi destruido. Continuaron por la carretera número uno, luego por la carretera número nueve, muy famosa porque por ahí se desarrolló la batalla de Lam Son, donde las fuerzas más preparadas del régimen títere de Saigón huyeron ante la presencia de los tanques de las fuerzas de liberación. Fidel visitó la antigua fortaleza militar yanqui de la colina 241, conocida por los estadounidenses como base Carol. Se realizó un acto y posteriormente el líder cubano recorrió los refugios principales de dicha base, formados por tubos de acero y protegidos por alturas de tierra.

Posteriormente sobre las piedras y uniformes despedazados de los soldados yanquis, en esa histórica colina Fidel balanceó en sus manos una bandera del Frente de Liberación del Vietnam del Sur. Parecía que era el abanderado de uno de los combates de esa región. Empapado en sudor, Fidel estaba muy emocionado. Y cuando parecía que la emoción concluía ahí, los revolucionarios vietnamitas le regalaron un tanque M-48, según el propio Santiago Álvarez.  Posteriormente visitó la base de Doc Mien que formó parte del complejo estratégico electrónico que se llamó la línea de MacNamara donde saludo a las tropas revolucionarias que se encontraban allí.

Un elemento que no debe olvidarse en la historia fue cuando Fidel cruzó nuevamente el Paralelo 17, de regreso al norte de Vietnam. En el camino hacia Vinh Linh, la delegación cubana encontró a cuatro trabajadores heridos por la explosión de una mina momentos antes del paso de la caravana. Fidel, al ver a los jóvenes trabajadores heridos ordenó detener los vehículos. Se bajó y se acercó a los campesinos heridos, a la vez que inmediatamente los médicos cubanos le prestaron atención a estos. A uno de ellos se les puso suero, eran visibles las perforaciones en los pechos y las piernas por la explosión.

Ya de regreso a Cuba en el avión el Comandante recordaba  el hecho de los cuatro campesinos vietnamitas que encontró heridos en el camino de Vinh Linh. Dirigiéndose a uno de los médicos le preguntó si habría muerto el más joven, sin embargo el médico le responde que no, estaba herido pero no de muerte. Le preguntó además si le había puesto plasma sanguíneo, pero el médico le respondió que solo suero.

La histórica visita quedó grabada en la historia de Vietnam y Cuba. Fue un momento importante para el futuro de la hermandad de ambas naciones distantes geográficamente, pero cercanas de sentimientos. El actual 2018, constituye el 45 aniversario de tal acontecimiento que está grabado en la mente de los vietnamitas y que debe ser concebido como patrimonio inmaterial de las relaciones entre Cuba y Vietnam. Pocas son las naciones en el mundo que pueden sentirme como hermanas en que los sentimientos de amor, camaradería y transparencia estén presentes por casi sesenta años de relaciones ininterrumpidas. Este tesoro debe ser conservado por los Partidos, Gobiernos y Pueblos de Cuba y Vietnam.

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