Hanoi (VNA) - En el marco del XIV Congreso Nacional del Partido, el secretario general To Lam reafirma la política exterior como pilar estratégico del desarrollo nacional. Vietnam apuesta por una diplomacia integral y de mayor alcance para fortalecer su posición internacional, contribuir activamente a la paz y consolidar su prosperidad en un contexto global en transformación.
A continuación, la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA) presenta el texto íntegro.
Impulsar una diplomacia integral a un nuevo nivel
To Lam
Secretario general del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam
Al repasar la historia de la revolución vietnamita, queda claro que cada oportunidad de desarrollo del país ha estado íntimamente ligada a las transformaciones de su tiempo. Tras la proclamación de la independencia, el Presidente Ho Chi Minh subrayó que “después del problema de la defensa, la diplomacia es una cuestión esencial para un país independiente”, afirmando con contundencia el papel estratégico y la responsabilidad de la política exterior para la nación.
El XIV Congreso Nacional del Partido representa un hito histórico que abre las puertas a una nueva era para el pueblo vietnamita. A la luz del Congreso, la política exterior -una tarea estratégica y permanente- se desplegará de manera integral y a un nivel superior. Vietnam armoniza así su pulso con el del mundo y con el espíritu de la época, contribuyendo activamente a forjar la paz, consolidar la prosperidad y elevar, con mayor solidez, la posición del país en el escenario internacional.
Vietnam ante el umbral de una nueva era
El mundo atraviesa transformaciones rápidas, intensas y de profundo alcance histórico. Las tendencias globales se entrecruzan y, en ocasiones, se contraponen: mientras la interdependencia se profundiza, también se acentúan la fragmentación y la competencia. La humanidad se adentra en una etapa cargada de riesgos, pero igualmente rica en nuevas oportunidades de desarrollo. Ningún país, sea grande o pequeño, desarrollado o en vías de desarrollo, puede mantenerse al margen de esta dinámica.
Por una parte, el sistema multilateral y el derecho internacional enfrentan un progresivo debilitamiento; aumentan las disputas de soberanía y los conflictos territoriales. La competencia política y económica se entrelaza con la pugna por el control de la tecnología, la energía y las infraestructuras estratégicas. Los desafíos de seguridad, tanto tradicionales como emergentes, se intensifican en magnitud y complejidad. Por otra parte, persisten y se fortalecen las corrientes que promueven la paz, la cooperación, el desarrollo sostenible e inclusivo y la globalización. La mayoría de la comunidad internacional aspira a un orden mundial más democrático, equitativo y basado en el derecho internacional. Al mismo tiempo, la revolución científico-tecnológica abre horizontes ilimitados de progreso sustentados en el conocimiento y el potencial humano.
El XIV Congreso Nacional del Partido inaugura una nueva etapa en la historia de Vietnam, tras 96 años de liderazgo del Partido, 80 años de independencia y 40 años de Doi Moi (Renovación). Después de las eras de independencia, libertad, y construcción socialista, y de la etapa de Renovación, el país entra en un periodo orientado hacia un desarrollo próspero, civilizado y centrado en la felicidad de su pueblo, con la aspiración de situarse a la par de las grandes potencias del mundo.
El periodo de implementación de la Resolución del XIV Congreso (2026-2031) tendrá un carácter decisivo. De su éxito dependerá que Vietnam logre dar el salto hacia la condición de país desarrollado, de altos ingresos y nivel avanzado. De lo contrario, podría repetirse la experiencia de la trampa del ingreso medio, a medida que afloren los cuellos de botella estructurales del modelo de desarrollo y de la gobernanza nacional. La historia demuestra que, en las etapas de transición, la falta de sincronía con las tendencias globales incrementa el riesgo de rezago.
Impulsar una diplomacia integral a un nuevo nivel
La “convergencia” entre las exigencias de la época y las necesidades del país convierte la materialización de los dos objetivos estratégicos del centenario en un compromiso político e histórico del Partido ante el pueblo y la comunidad internacional. La experiencia histórica confirma que las naciones que actúan con visión estratégica y saben aprovechar las fuerzas de su tiempo para fortalecer su base interna son las que alcanzan el éxito. Ningún país que haya logrado un desarrollo poderoso lo ha hecho sin una diplomacia sólida. En el mundo actual, la seguridad y el desarrollo nacionales están inevitablemente entrelazados con el entorno internacional.
En momentos históricos, se requieren decisiones de la misma magnitud. La nueva era exige desplegar una “diplomacia integral a un nuevo nivel”: garantizar al máximo los intereses nacionales; cimentar la acción exterior en la paz, la independencia, la autodeterminación y la resiliencia; situar al pueblo en el centro de todas las políticas; y asumir como responsabilidad la contribución activa a la comunidad internacional. En este nuevo nivel, la política exterior se ejercerá con mayor confianza, autonomía y firmeza, contribuyendo de forma más eficaz a los objetivos estratégicos del país y asumiendo un papel más relevante en favor de la paz y el desarrollo mundiales.
Se trata, en primer lugar, de una diplomacia integral a nuevo nivel en cuanto a sus objetivos. Toda acción exterior estará orientada a salvaguardar los intereses supremos de la nación, fortalecer el Partido, consolidar un Vietnam próspero y poderoso y garantizar el bienestar y la felicidad del pueblo. Asimismo, buscará profundizar la integración internacional y desempeñar un papel activo en la política global, la economía mundial y la civilización humana, contribuyendo a la paz, la estabilidad, la equidad, el progreso social y la prosperidad compartida en la región y el mundo.
En segundo lugar, es una diplomacia integral a nuevo nivel en sus ámbitos de acción. Lejos de constituir un campo aislado, la política exterior se articula estrechamente con la defensa, la seguridad, la economía, la ciencia, la tecnología y la cultura y la sociedad, generando una fuerza sinérgica al servicio de la construcción y la defensa de la Patria. El desarrollo socioeconómico ocupa el centro de esta estrategia, que concibe la diplomacia al servicio del desarrollo y de la integración internacional como una tarea estratégica y permanente.
Por último, es una diplomacia integral a nuevo nivel en cuanto a sus actores. La política exterior es una empresa de todo el Partido y de todo el pueblo. Moviliza de manera coordinada los tres pilares -la diplomacia del Partido, la diplomacia del Estado y la diplomacia popular- y promueve la participación activa de la Asamblea Nacional, los ministerios, los sectores y las localidades. Al mismo tiempo, fortalece la articulación entre diplomacia, defensa y seguridad, así como entre la diplomacia política y las diplomacias económica, cultural, científica y tecnológica.
Despliegue de la misión “esencial y permanente” de la política exterior
La diplomacia integral en este nuevo nivel representa una síntesis entre continuidad y desarrollo. Vietnam mantiene con firmeza su política exterior de independencia, autodeterminación y resiliencia; de paz, amistad, cooperación y desarrollo; de multilateralización y diversificación de sus relaciones exteriores; reafirmándose como amigo, socio confiable y miembro responsable de la comunidad internacional. Al mismo tiempo, la diplomacia vietnamita evoluciona, incorporando los conocimientos y métodos de la diplomacia moderna, fiel al espíritu de “mantener lo inmutable para afrontar lo cambiante”. El camino de paz, independencia, autodeterminación y resiliencia no solo apunta a construir un país próspero para su pueblo, sino también a contribuir de manera responsable a la paz y la estabilidad regional, así como a un orden internacional basado en el derecho. Este enfoque constituye la brújula estratégica, el fundamento ético y el principio rector para consolidar relaciones exteriores sólidas y duraderas.
En este contexto, la política exterior y la integración internacional se afianzan como una misión “esencial y permanente”, lo que supone un avance sustancial en el pensamiento estratégico. La acción exterior deja de ser un ámbito complementario para convertirse en una tarea prioritaria y constante, que exige iniciativa, agilidad, oportunidad y alta eficacia. Esta visión sitúa a la diplomacia en el centro de la estrategia nacional, con mayores responsabilidades en materia de seguridad y desarrollo: preservar la paz para garantizar la estabilidad; asegurar la estabilidad para impulsar el desarrollo; y promover el desarrollo para fortalecer la capacidad integral del país. Bajo esta orientación, la diplomacia integral en el nuevo nivel desplegará sus tareas fundamentales en varias direcciones clave.
En primer lugar, la política exterior reforzará su papel pionero, cumpliendo tareas cruciales y continuas en la creación de un entorno internacional favorable para el país. En un mundo cada vez más incierto, consolidar la paz y la estabilidad se vuelve una tarea estratégica decisiva. La política exterior deberá actuar con “autonomía estratégica” en toda circunstancia, garantizando “estabilidad interna y armonía externa”: promover el desarrollo dentro del país y preservar la paz y la cooperación en el exterior. En estrecha coordinación con la defensa y la seguridad, protegerá con firmeza la independencia, soberanía, unidad e integridad territorial; salvaguardará al Partido, al Estado, al pueblo y al sistema socialista; defenderá la Renovación, la industrialización y modernización; protegerá los intereses nacionales, la seguridad política, el orden social y la identidad cultural, y mantendrá un entorno pacífico para el desarrollo conforme a la orientación socialista. Al mismo tiempo, impulsará la resolución pacífica de las diferencias sobre la base del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
En segundo lugar, la política exterior actuará como motor para generar condiciones favorables, movilizar recursos externos y abrir nuevos espacios de desarrollo. En un escenario global marcado por profundas transformaciones, los países que prosperan son aquellos capaces de anticiparse y posicionarse en la dinámica de su tiempo. La diplomacia vietnamita deberá identificar y aprovechar las oportunidades derivadas de tendencias como la innovación, la digitalización, la inteligencia artificial, la tecnología cuántica o la automatización, y traducir las sólidas relaciones políticas en resultados económicos concretos y medibles. Ello implica impulsar acuerdos comerciales y de inversión, así como apoyar a las empresas vietnamitas para integrarse más profundamente en las cadenas de suministro regionales y globales, de modo que los beneficios alcancen directamente a la población.
En tercer lugar, Vietnam reafirmará, a través de su política exterior, su alto sentido de responsabilidad ante la comunidad internacional, contribuyendo a la construcción y defensa de un orden internacional justo y equitativo basado en el derecho. En un mundo globalizado, los intereses nacionales, así como los de ciudadanos y empresas, trascienden las fronteras. Defender los intereses nacionales implica también salvaguardar un orden internacional estable y equitativo. La posición y fortaleza actuales del país le permiten asumir un papel activo y responsable en los asuntos globales. Como afirmó el Presidente Ho Chi Minh: “Si hemos disfrutado de lo bueno de los demás, debemos también ofrecer lo bueno nuestro”. En esta línea, Vietnam continuará cumpliendo sus compromisos en materia de desarrollo sostenible, seguridad alimentaria, lucha contra el cambio climático y reducción de emisiones netas, al tiempo que ampliará su participación en operaciones de mantenimiento de la paz, ayuda humanitaria, rescate, mediación y reconciliación, desempeñando, cuando corresponda, un papel activo y de liderazgo.
En cuarto lugar, se potenciará el “poder blando” nacional en consonancia con su estatura histórica y cultural, así como con su posición política y económica. El prestigio del país no se sustenta únicamente en su capacidad material, sino también en su “poder blando” que son el legado histórico, la identidad cultural, los logros de la renovación y una política exterior pacífica, respetuosa del derecho internacional y guiada por la armonía y la razonabilidad. La simpatía y el respaldo de los pueblos del mundo forman parte esencial de este capital intangible. En este nuevo nivel, la diplomacia deberá contribuir a reforzar la presencia e influencia de Vietnam en la política mundial, la economía global y la civilización humana.
Por último, se impulsará la construcción de una política exterior y una diplomacia integrales, modernas y profesionales. La nueva era exige una política exterior a la altura de la región y con proyección internacional. Los cuadros diplomáticos deberán mostrar audacia, creatividad y espíritu pionero en defensa de los intereses nacionales; actuar con visión estratégica, disciplina y competencias acordes con los estándares internacionales. La diplomacia integral no es responsabilidad exclusiva de un ministerio o sector, sino una empresa común de todo el pueblo y del sistema político en su conjunto, destinada a consolidar una fuerza nacional cohesionada.
Ante un contexto internacional en constante transformación, la diplomacia integral en el nuevo nivel deberá tener como brújula el temple y la inteligencia; como puente de cooperación, la confianza y la responsabilidad; y como anclaje, la paz y el respeto al derecho. Existe plena confianza en que la política exterior vietnamita continuará preservando la paz y la estabilidad, ampliando los espacios de desarrollo y elevando la posición del país, contribuyendo así a hacer realidad el sagrado testamento del Presidente Ho Chi Minh: "Mi último deseo es que todo el Partido y todo el pueblo se unan y se esfuercen por construir un Vietnam pacífico, unificado, independiente, democrático y próspero, y que contribuya dignamente a la causa revolucionaria mundial"./.