Hanoi (VNA) – En la era del auge de las redes sociales, los rumores se han convertido en una parte inevitable de la vida cotidiana. Ante esta realidad, la firmeza política y la responsabilidad ciudadana se erigen como un escudo protector tanto para la integridad individual como para la estabilidad y seguridad nacional.
El trabajo del personal es una tarea de especial relevancia, considerada la “clave de las claves” tanto a nivel local como nacional, por lo que despierta un gran interés ciudadano. Sin embargo, interés, curiosidad y rumores infundados son conceptos que no deben confundirse. Incluso dos nociones relativamente cercanas, que a veces se entremezclan, requieren una distinción clara para evitar consecuencias negativas para la comunidad: la opinión pública y el rumor.
Según un estudio del doctor Phan Tan (Academia de Ciencias Sociales de Vietnam), existen informaciones sobre un asunto social que, por ser precisas y reales, generan interés y conforman la opinión pública. Pero también existen informaciones cuya veracidad no está garantizada, que se difunden y a las que se añaden o eliminan detalles, y que no dejan de ser meros rumores.
La responsabilidad ciudadana se mide por cómo recibimos la información en las redes sociales, y si somos capaces de distinguir entre la opinión pública y los bulos.
El doctor Phan Tan explica que la opinión pública es un conjunto de opiniones que interactúan mediante el debate, reflejando la percepción, los sentimientos y la voluntad de grupos sociales. Puede consistir en valoraciones, juicios, recomendaciones o propuestas de soluciones. Cuando la opinión pública solo valora o juzga sin ofrecer propuestas, su proceso no se ha completado. La opinión pública puede albergar opiniones diversas, incluso opuestas, formando corrientes a favor o en contra. Solo los asuntos, eventos o fenómenos sociales que afectan a intereses compartidos por muchas personas tienen potencial para generar opinión pública, que se orienta por valores y normas sociales.
Por su parte, el rumor es información no verificada que se transmite de persona a persona sobre un tema de interés público. Su mecanismo inicial de difusión suele ser oral o a través de redes sociales, mediante discusiones informales cuando el interés individual tiende a aumentar. El rumor es básicamente el resultado de la distorsión en la percepción y la comunicación, combinada con especulaciones e imaginaciones desmedidas.
Quien difunde un rumor tiene motivaciones para añadir o quitar detalles con el fin de que la historia, por vaga que sea, parezca verosímil. Algunos rumores, impulsados por múltiples plataformas, pueden tener un fuerte impacto en la seguridad y el orden.
La experiencia muestra que los rumores negativos se difunden con mayor facilidad que los positivos. Cuanto más conocido o alto cargo ocupa una persona, más fácil se convierte en blanco de rumores. La mayoría de los rumores tienden más a “destruir” que a “construir”.
La esencia del rumor es el anonimato, y por ser anónimo, nadie asume responsabilidad por su contenido.
La relación entre opinión pública y rumor es tanto de resonancia como de exclusión profunda. El rumor puede o no derivar en opinión pública, dependiendo de si el objeto o suceso mencionado es real. Si el suceso debatido no ocurre, se trata de un rumor; en caso contrario, puede generar opinión pública.
La diferencia fundamental radica en la finalidad de la difusión. El rumor nace con un propósito individual o de grupo y suele estar distorsionado por la subjetividad del transmisor. En cambio, la opinión pública busca el interés común de la comunidad.
Otra diferencia evidente es que un bajo nivel educativo alimenta los rumores infundados, mientras que un mayor nivel educativo orienta hacia la opinión pública mediante el contraste de opiniones.
Con el desarrollo tecnológico, los gestores pueden limitar pero no bloquear toda la información falsa. Lo crucial es que la información oficial sea proactiva y altamente persuasiva.
En cuanto a la responsabilidad ciudadana, ante informaciones impactantes, cada persona debe mantener la calma para investigar, autoevaluar la información o contactar con canales oficiales para verificarla, sin dejarse arrastrar por los rumores.
Interesarse por la labor del personal del Partido y el Estado no implica inmiscuirse en la disposición de personal de una organización. La gestión del personal en Vietnam es liderada por el Partido, con responsabilidad directa de los comités, organizaciones del Partido y líderes. El proceso se realiza rigurosamente en cinco pasos: revisión y evaluación; consulta a líderes; verificación; procedimiento de nombramiento o propuesta; y decisión final.
Todo ciudadano mayor de 18 años ejerce su derecho y deber en el trabajo del personal mediante su participación activa en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional y a los Consejos Populares el próximo 15 de marzo de 2026. Esta es la ocasión para que cada ciudadano ejerza su derecho democrático, eligiendo directamente a los representantes dignos de su voluntad y aspiraciones en los órganos del poder estatal.
Según la Ley de Elecciones de Diputados a la Asamblea Nacional y a los Consejos Populares de 2015, participar en las elecciones es un derecho político fundamental, así como un deber sagrado de cada ciudadano para elegir a quienes representarán su voluntad y aspiraciones, participando así directamente en la construcción del Estado de derecho socialista “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Por tanto, interesarse por la gestión del personal no significa contribuir a la proliferación de rumores. Una forma más práctica y urgente es estudiar la normativa electoral y los perfiles de los candidatos para elegir sabiamente a quienes representarán la voluntad del pueblo en los máximos órganos del poder estatal./.