Hanoi, 12 sep (VNA)- En ninguna otra parte del mundo hay más cementerios militares por superficie que en Quang Tri, una provincia del centro de Vietnam donde se libraron algunos de los más cruentos combates por la reunificación nacional.
(Fuente: PL/ VNA)

Con algo más de cuatro mil 500 kilómetros cuadrados, el territorio tiene 72 camposantos cuyas diferentes dimensiones no les impiden contar con igual fuerza la épica de un pueblo decidido a hacer de este un solo país.

Quang Tri tiene unos 650 mil habitantes y sus necrópolis militares albergan a unos 65 mil mártires, uno por cada 10 pobladores de la provincia.

El mayor de esos cementerios es el de Truong Son, situado a menos de 10 kilómetros del río Ben Hai, que de 1954 a 1975, junto con el Paralelo 17, quebró a Vietnam por la mitad… Allí, entre esos años, a fuego limpio, se decidió en gran medida la suerte de esta nación.
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En sus 140 mil metros cuadrados hay 10 mil 333 tumbas cuyas lacónicas inscripciones ocultan otros tantos dramas personales y la tragedia colectiva de un Vietnam que no olvida a los yacentes.

A Quang Tri vinieron a combatir hombres y mujeres de todo el país, lo que explica que el Cementerio Nacional de Truong Son esté dividido en 24 secciones donde reposan los inmolados según su lugar de origen.

En la parte superior, las losas muestran una sencilla inscripción, “Liet si” (Mártir), y debajo, el nombre y la fecha de nacimiento y muerte del caído. Un simple cálculo permite concluir que la inmensa mayoría de ellos murió cuando estaban en la flor de la juventud… 17, 18, 20 años…
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Otras tumbas dicen aún menos: están vacías, a la espera de que sean encontrados o identificados los despojos mortales de quienes combatieron en Quang Tri y sus inmediaciones, o cuando transportaban pertrechos al resto de Vietnam del Sur a través de la accidentada y mítica Ruta Ho Chi Minh.
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Están desaparecidos, pero no olvidados: a 43 años de terminada la guerra, Vietnam aún los busca desesperadamente.

Según estimaciones oficiales, de los cerca dos millones de soldados regulares y guerrilleros caídos en acción en todo el país, unos 300 mil todavía no han sido encontrados o identificados.
Varias razones lo explican.

Por una parte, muchos de los soldados del Norte no llevaban al pecho una chapilla metálica de identificación, sino papeles que la mayoría de los casos ni siquiera estaban plastificados.

También ocurría que una sola bomba aniquilaba a un grupo de soldados a la vez y, en el fragor de la batalla, el entierro se hacía a la carrera y sin identificar bien a los muertos, que no pocas veces fueron a parar a una tumba común.
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Los años transcurridos, junto a la humedad del clima, se encargaron de borrar los documentos y destruir los osamentas hasta hacerlos irreconocibles.

A la espera del hallazgo e identificación de sus restos, una tumba digna los espera en los cientos de cementerios dispersos por todo el país.

El de Truong Son, inaugurado en 1977, recibe todos los días a decenas de familiares de los mártires, a simples ciudadanos o a turistas interesados en la historia del país. Las procesiones son especialmente masivas en fechas como el 30 de abril, Día de la Reunificación.
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Con su presencia en lugares como ese, flores e inciensos en mano, los vietnamitas hacen honor a una frase que aplican a muchas situaciones en sus vidas: “Hay que recordar la fuente del agua que bebemos”.

Las modestas tumbas del Cementerio de Truong Son son una de ellas. - VNA

Por Alberto Salazar (PL) y Duong Bui (VNA)
Con fotos de Marta Llanes