Barco chino (I) se acercaba, asediaba y estaba lista a chocarse con embarcación vietnamita cuando el plataforma Haiyang Shiyou-981 se instalaba ilegalmente en aguas de Vietnam (Fuente: VNA)

Hanoi​ (VNA) -El Mar del Este posee una importancia estratégica para las naciones de la región con costas en esa área.

Tanto el valor delos recursos naturales como la centralidad de esta zona marítima como vía de comunicación juegan un rol fundamental para comprender los ejes de este diferendo territorial.

En los últimos 10 años, China ha mostrado con creces su intención de fortalecer su presencia en el área a través de buques pesqueros, la construcción de islas artificiales, la realización de ejercicios militares y el establecimiento de patrullajes costeros.

El devenir de los acontecimientos es incierto, aunque puede vislumbrarse que no tendrá una solución diplomática en el corto plazo.

Difícilmente pueda discutirse hoy en día la afirmación de que China se ha convertido en una potencia económica mundial.

Lo inquietante en torno a esta aseveración es cómo este poderío económico se traducirá en poder político y, aún más preocupante, militar.

En ese sentido, resulta indudable que sobre la base del poder económico se erigirá eventualmente un poderío militar con alcance regional, en primera instancia, y posteriormente, global.

En ese proceso, en el cual Beijing ya ha dado varios pasos firmes, se contemplan intereses estratégicos para la seguridad nacional china, como el suministro energético y de recursos naturales, y la defensa de los territorios reivindicados como propios.

En el caso del Mar del Este se entrecruzan numerosas consideraciones estratégicas, energéticas y económicas, que se relacionan con la necesidad de asegurar el abastecimiento de recursos naturales y obtener el control de la principal ruta marítima del este de Asia.

Dadas estas condiciones, es de esperarse que, a menos que se alcance una solución diplomática del diferendo que respete los intereses chinos, los enfrentamientos se intensificarán y las disputas en el área alcanzarán una dimensión mayor con la intervención de actores extrarregionales, como Estados Unidos.

El Mar del Este se encuentra emplazado en la región del Sudeste Asiático y bordea el sur de China.

Sus aguas albergan más de 400 islas, arrecifes y bancos de arena, y numerosos archipiélagos entre los que se destacan los de Truong Sa (Spratly) y Hoang Sa (Paracel).

Las disputas territoriales en este Mar se remontan a mediados del siglo XX, pero han adquirido notable repercusión en los últimos cinco años debido al incremento de acciones concretas por parte de China sobre los archipiélagos Spratly y Paracel y a la respuesta político-diplomática de Filipinas en defensa de sus intereses nacionales.

El conflicto territorial en esta zona comienza cuando luego de la Segunda Guerra Mundial, el acuerdo de paz de San Francisco de 1951 no definió claramente a quién correspondían los archipiélagos en el Mar del Este.

Esta omisión sentó las bases para el desarrollo de sucesivos enfrentamientos por la posesión de las islas y del espacio marítimo adyacente.

En la actualidad son seis las partes involucradas en la disputa: China, Filipinas, Malasia, Vietnam, Brunei y Taiwán (China).

China basa sus reclamos sobre la zona en razones históricas. Las mismas incluyen las expediciones al archipiélago de Truong Sa realizadas por la dinastía Han en 110 d.C., y de la dinastía Ming entre 1403 y 1433.

El gobierno de la República de China sentó las primeras bases de sus reclamos cuando protestó frente a intrusiones externas en las islas, como la ocupación de dichos territorios insulares por parte de Francia en 1933 y de Japón en 1939, dándoles a sus reivindicaciones sustento legal.

Posteriormente, con el objetivo de fijar claramente los límites del país, el gobierno chino publicó por primera vez un mapa donde se incluían como propias las islas en disputa en el Mar del Este.

En este mapa, que data de 1948, se da a conocer por primera vez la llamada “línea de nueve puntos” que aún hoy constituye el límite territorial que reivindica el gobierno chino.

Sin embargo, más allá del reclamo sobre las islas y aguas adyacentes, no se han podido comprobar en los documentos de las últimas seis décadas las mentadas razones históricas sobre las que el gigante asiático basa actualmente su reclamo de soberanía.

Los conflictos por las islas atravesaron momentos de mayor tensión en varias oportunidades, previas a la última década, poniendo de manifiesto la clara voluntad política de China de lograr el control de los territorios reclamados, incluso si ello implicaba el uso de la fuerza.

Al respecto, se destacan los enfrentamientos entre las fuerzas chinas y de Vietnam del Sur en el archipiélago de Hoang Sa en 1974, y entre China y Vietnam en 1988.

Igualmente en 1995 se vivió un periodo de tensiones entre ambos países generado por la construcción de diversas infraestructuras por parte del gobierno chino en el arrecife de Vanh Khan (Mischief Reef).

A partir de los años noventa, a pesar de las medidas unilaterales implementadas por las partes, se comenzaron a buscar alternativas de cooperación con vistas a atenuar el conflicto.

El paso de impulso inicial en el marco de las negociaciones –que sentó las bases para la posterior cooperación en la región– fue la Declaración de Conducta de las Partes Concernientes en el Mar del Este (DOC), realizada por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) en 1992.

En la misma, se enfatiza en la necesidad de resolver los problemas de soberanía sobre las islas sin recurrir al uso de la fuerza.

En 2002, se continuó avanzando hacia el establecimiento de una estrategia de cooperación con la firma de la Declaración sobre la Conducta de las Partes en el Mar del Este.

Este documento, producto de la perseverancia de los países de ASEAN involucrados, no fue más que meramente declarativo.

Su única relevancia radica en que en su artículo primero se sostiene que las partes reafirman su compromiso para con los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) de 1982, lo que implica que Beijing estaría reconociendo el principio de ocupación de hecho que esta convención establece como la base de sustento de los reclamos de soberanía.

Esto abrió las puertas para enmarcar el conflicto en una convención de Naciones Unidas y llevar la disputa al ámbito internacional.

En cuanto al contenido, la declaración puso en evidencia la escasa disposición china para negociar los temas de soberanía de las islas en el ámbito multilateral, postura que aún mantiene el gobierno de Xi Jinping. - VNA

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