Hanoi (VNA) Entre los cientos de mercados de Año Nuevo que se celebran en la capital vietnamita, el mercado de flores de Hang Luoc (barrio de Hoan Kiem) ocupa un lugar especial en la memoria de muchos habitantes de Hanoi. No es solo un espacio de compraventa de flores primaverales, sino también un “mercado de los recuerdos”, una feria que se instala una sola vez al año y que existe desde hace más de un siglo, acompañando a generaciones de hanoyenses.
Desde antes del día quince del último mes lunar, la calle Hang Luoc se transforma con el rosa intenso de las flores de durazno, el amarillo brillante de los kumquats maduros y el blanco puro del albaricoquero. Aunque los mercados florales aparecen en muchas calles de la ciudad durante estas fechas, Hang Luoc conserva un ambiente singular gracias a su entorno de casco antiguo y al gusto refinado de los habitantes de Hanoi.
Los principales clientes son residentes de las calles antiguas, donde las casas y callejones son pequeños y estrechos. Por ello, los árboles de kumquat, las ramas de durazno y las macetas de albaricoque suelen ser de tamaño reducido, pero de formas elegantes y cuidadas. “Pequeño pero refinado” es la característica distintiva del mercado. Una rama de durazno debe tener flores grandes, brotes vigorosos, color intenso y una forma armoniosa para ser elegida. Los compradores no buscan solo belleza, sino también el “alma” del árbol.
Nguyen Thi Trang, cultivadora de albaricoques blancos en la zona de Ba Vi, explica que los clientes de Hanoi prefieren plantas ya colocadas en macetas para apreciar tanto la forma como la floración. Según ella, vender en Hang Luoc no exige solo experiencia agrícola, sino también comprensión cultural. Muchos compradores mayores son exigentes, pero esa exigencia impulsa a los vendedores a perfeccionar su trabajo.
Más allá de las flores, el mercado atrae a amantes de la cultura tradicional por sus puestos de objetos añejos. En el pasado fue un mercado anual de antigüedades; hoy se venden piezas antiguas auténticas, objetos usados y reproducciones de estilo clásico. Los visitantes pueden encontrar pequeñas estatuas budistas, bandejas de té incrustadas en nácar, relojes centenarios, jarrones decorativos o teteras.
Los coleccionistas expertos están dispuestos a pagar sumas considerables por piezas valiosas, mientras que los menos experimentados optan por reproducciones para evitar riesgos. Aun así, los puestos instalados en plena calle atraen a aficionados de provincias como Bac Ninh, Hai Phong o Ninh Binh, que acuden cada año para “disfrutar del mercado”.
Para los hanoyenses, visitar el mercado también es una forma de paseo tradicional: caminar sin prisa para contemplar flores y escenas urbanas. En los días previos al Año Nuevo lunar, es común ver a personas mayores y de mediana edad, elegantemente vestidas, paseando con calma. Muchos no van necesariamente a comprar, sino a revivir recuerdos.
Nguyen The Minh, residente veterano del casco antiguo, cuenta que suele visitar el mercado con amigos y luego regresar con sus nietos. Así, afirma, los recuerdos de antaño se transmiten a las nuevas generaciones. Esa continuidad convierte a Hang Luoc en algo más que un mercado: es un espacio cultural vivo.
En los últimos años, las autoridades locales han ampliado el espacio del mercado, conectando Hang Luoc con las calles Hang Ma y Phung Hung e incorporando actividades culturales y puestos de artesanía. Esto ha hecho que la feria sea más diversa y atractiva, captando también la atención de turistas nacionales e internacionales.
Sin embargo, el evento también enfrenta desafíos urbanos. A pesar de las restricciones al tráfico motorizado, el ruido de motocicletas irrumpe con frecuencia entre la multitud. Las calles cercanas suelen congestionarse debido al gran flujo de visitantes. Esta situación evidencia la necesidad de mejorar la planificación urbana para preservar tanto la infraestructura como la calidad de vida.
Con más de cien años de historia y celebrándose solo una vez al año, el mercado de flores de Hang Luoc mantiene un lugar especial en el corazón de Hanoi. No solo vende flores u objetos antiguos: también conserva y transmite recuerdos, fortaleciendo la identidad cultural del casco antiguo a través del tiempo./.