Bruselas (VNA) – Vietnam y Bélgica han unido esfuerzos en una nueva iniciativa para revertir parte del grave daño causado por la Guerra de Vietnam, después de que el país del sudeste asiático aprobara un importante proyecto de descontaminación de suelos afectados por el Agente Naranja (AO).
En concreto, el Gobierno belga respaldará a Vietnam en la eliminación de la dioxina, un residuo altamente tóxico derivado de los defoliantes utilizados durante el conflicto, en las zonas más impactadas. Vietnam ha autorizado a un consorcio integrado por Haemers Technologies y el Fondo de Impacto Aquitara para ejecutar el proyecto, con el objetivo de restaurar progresivamente el entorno natural y mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales más vulnerables.
Esta cooperación es considerada inédita, ya que supone la primera ocasión en que un fondo de inversión extranjero recibe un firme respaldo del Estado vietnamita para una iniciativa de limpieza de terrenos afectados por la guerra.
El núcleo del proyecto es la tecnología patentada de desorción térmica a alta temperatura desarrollada por Haemers Technologies. El suelo contaminado se somete a temperaturas de hasta 1200 grados Celsius, lo que permite vaporizar las moléculas de dioxina, que posteriormente son destruidas mediante combustión controlada. Tras el tratamiento, el terreno queda en condiciones seguras para su uso agrícola o para la construcción.
Jan Haemers, fundador y director ejecutivo de Haemers Technologies, señaló que se trata de un proyecto a largo plazo que podría extenderse durante generaciones, con costos de tratamiento por sitio que ascienden a cientos de millones de euros. No obstante, subrayó que los beneficios son significativos: las tierras descontaminadas podrían transformarse en zonas ecoindustriales sostenibles, capaces de generar empleo e inversión a largo plazo en áreas que han permanecido rezagadas.
La iniciativa también incorpora un fuerte componente humanitario, con planes para crear 150 pequeñas empresas destinadas a familias afectadas por el AO que viven en zonas remotas y desfavorecidas. El objetivo es doble: recuperar el medio ambiente y, al mismo tiempo, apoyar a quienes han sufrido con mayor intensidad las consecuencias del conflicto.
Franc Bogovic, cofundador y socio del Fondo de Impacto Aquitara, afirmó que el proyecto demuestra cómo la tecnología avanzada, la inversión estratégica y la responsabilidad social pueden complementarse eficazmente. Al transformar terrenos degradados en activos para el desarrollo, añadió, se abre una vía sostenible a largo plazo que genera valor tanto para las comunidades como para los inversores.
El proyecto se sustenta en una resolución adoptada en 2023 por la Cámara de Representantes de Bélgica, que reconoce formalmente el sufrimiento de las víctimas vietnamitas de la Operación Ártico, un paso clave que sentó las bases para acciones concretas entre ambos países. Con respaldo internacional y el firme compromiso del Gobierno vietnamita, la iniciativa busca borrar progresivamente las huellas de la guerra y ofrecer a las futuras generaciones un porvenir más prometedor./.
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