Quang Tri, Vietnam, 10 dic (VNA)- Thanh Dao Hoang  no oculta su emoción al regresar a la antigua muralla de Quang Tri, en la ciudad homónima del centro del país, escenario de una cruenta batalla en la que Estados Unidos desplegó su arsenal militar contra los combatientes vietnamitas durante 81 días en 1972. Días y noches de resistencia hasta el último aliento.
La antigua muralla de Quang Tri (Fuente:Mariela Pérez Valenzuela)

Jóvenes procedentes de distintas regiones de Vietnam dejaron sus seres más queridos para unirse al Frente y proteger la ciudadela de Quang Tri y la fortaleza –construida en el siglo XIX por la dinastía Nguyen. No importaban los bombardeos norteamericanos  y el fuego de la tropa títere de Vietnam del Sur; no había miedo a morir y si mucho coraje; no flaquearon jamás frente a los 20 mil proyectiles de gran tamaño que se dice caían en un solo día sobre aquella tierra, dejando muerte y destrucción como macabros recuerdos.
Thanh Dao Hoang, primero a la derecha, junto a sus compañeros de la Asociación de Amistad Vietnam-Cuba y estudiantes de la Isla (Fuente:Mariela Pérez Valenzuela)

Mientras recorre el sitio, Dao Hoang , miembro de la Asociación de Amistad Vietnam-Cuba, explica a esta periodista que “decenas de miles de soldados vietnamitas se fueron para siempre en este combate cruento”, sin lamentaciones, sin dolor, sin arrepentimientos, porque  “para ellos su vida no valía nada en comparación con el amor que sentían por su patria y el compromiso que tenían con la independencia nacional y la reunificación del país”.
Un combatiente (Fuente:Mariela Pérez Valenzuela)

Los viejos muros de la muralla de Quang Tri fueron testigo de los sacrificios de los combatientes,  del sonido ensordecedor de las bombas y, luego, de las lágrimas de miles de vietnamitas que supieron de la muerte de sus familiares más allegados en la defensa de la antigua ciudadela y la fortaleza, y que hoy los recuerdan en este lugar sagrado.

En ese sitio se construyó un monumento en honor de los caídos, una especie de sepulcro común de miles de combatientes que perdieron la vida en esa histórica  ciudad.

“Se dice que en cada centímetro de esta tierra cayó un vietnamita; ellos murieron sin nombre, sin tumba, sin dirección, solo se sabe que eran muy jóvenes”, relata con palabras entrecortadas.

Dao Hoang  conoce al dedillo la historia.  Con el paso de los años, comenta, se supo de cartas –porque sus parientes las donaron al museo de la ciudad- que soldados muy jovencitos escribieron antes de ir al campo de batalla. En una de ellas, comenta,  un soldado que luchaba en el Norte escribe a su esposa antes de ir a combatir al Sur que “cuando leas estas letras es posible que ya no exista en esta vida, pero no te pongas triste porque me siento orgulloso de mi sacrificio por la patria”.

En otra, cuenta, un estudiante de ingeniería también casado, le escribe a su madre en septiembre de 1972: “tanto trabajo criándome usted a mi; no puedo cuidarte ningún día, pero mamá no llores que si muero me sentiré bien. Piensa que en la tierra junto a mi padre, que también murió en la guerra, siempre estaremos contigo”.
 
El amigo de Cuba recuerda que ese joven se alistó de forma voluntaria para ir a la guerra y murió en 1973 mientras estaba de servicio.  “Querida madre, entiendo cuanto sufrimiento… por favor, limpie sus lágrimas, viva para celebrar la victoria”.
Las cartas se conservan en el museo de la Ciudadela (Fuente:Internet)

Mientras muestra algunas de las obras erigidas en homenaje a los héroes, refiere a esta periodista cubana que ese mismo muchacho entregó a un amigo antes de ir a la guerra una misiva dirigida a su esposa, convencido de que iba a morir. “Ya no doy felicidad a ti, pero siente que siempre te amo".

La guía que acompañó a los representantes de la Asociación Vietnam-Cuba y a los jóvenes de la Isla que estudian en este país en su recorrido por el histórico lugar, explica muy emocionada como ocurrieron los hechos, mientras conmueven las lágrimas y la tristeza visible en los rostros de los visitantes locales. Tal parece que se desplazan al pasado y viven cada momento descrito por ella.

La antigua ciudadela de Quang Tri, con una superficie de 16 hectáreas, sufrió el sonido ensordecedor y el poder destructivo de unas 328 mil toneladas de bombas lanzadas por las tropas estadounidenses, ocasionando la muerte de decenas de miles de vietnamitas.

Hoy se ha convertido en un sitio para recordar a los caídos. Aquí, como dice este amigo, no hay tumbas, porque el ensañamiento del enemigo fue tal que los cuerpos no se identificaron.Un monumento honra a los mártires, a quienes familias y visitantes ofrecen inciensos y flores, mientras 81 placas de bronce recuerdan la misma cantidad de días y noches de combate, del 28 de junio al  16 de septiembre de 1972.

La campaña de liberación de Quang Tri y  el combate en defensa de la antigua ciudadela homónima, junto con otras victorias, facilitaron el camino para la Ofensiva General en 1975.

El 27 de enero de 1973 representantes de Vietnam del Norte y del Sur, Estados Unidos y del Gobierno Revolucionario Provisional suscribieron los acuerdos de Paris, que establecían el cese del fuego y la retirada de las fuerzas norteamericanas del Sur.

Empero, la guerra siguió durante otros dos años, hasta que en abril de 1975 el Frente de Liberación Nacional alcanzó la victoria total con la toma de la antigua Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh, y la unificación del Norte y el Sur, proclamándose la República Socialista de Vietnam en abril de 1976.

Se conoce que durante las labores de restauración en el año 2002 se encontró un túnel con restos de varios soldados, sin que se pudieran identificar.  Se supone que son miles los combatientes los que están bajo estas tierras, quizás autores de cartas, poemas e historias  emocionantes que nunca se sabrán.-VNA

Por Mariela Pérez Valenzuela, especial para la Agencia Vietnamita de Noticias