Hanoi (VNA)- El éxito de la lucha por la defensa de la frontera norteña de Vietnam en 1979 fue resultado del arte de la guerra independiente, autodeterminado y acertado del Partido Comunista, afirmó Ho Khang, exsubdirector del Instituto de Historia Militar del país.  

Un tanque del enemigo derribado por soldados vietnamitas. (Fuente: VNA)

En un artículo publicado en ocasión del aniversario 40 de ese acontecimiento histórico, Ho Khang reiteró que a inicios de 1979, en momentos en que el ejército vietnamita ayudaba al pueblo de Camboya a derrotar el régimen genocida de Pol Pot, el gobierno de China y algunos países occidentales se enfrascaron en campañas de propaganda que tergiversaron el carácter de ese apoyo militar a la nación vecina.

Al mismo tiempo, no cesaron de incrementar la presión para difamar a Hanoi en la arena internacional, con la intención de deteriorar la Revolución Vietnamita e imponer los “intereses de las grandes potencias” en la península de Indochina.  

Fracasados todos esos intentos, el 17 de febrero de 1979, líderes chinos enviaron unos 600 mil efectivos, centenares de tanques y vehículos blindados, así como miles de cañones a las fronteras septentrionales de Vietnam, desde la provincia de Lai Chau hasta Quang Ninh, para un ataque contra este país.  

En esos momentos el pueblo de Vietnam se esforzaba por reconstruir el país de las ruinas tras la guerra contra Estados Unidos, mientras acababa de terminar la defensa de la frontera del sudoeste, a la vez que realizaba la misión internacionalista de apoyar al pueblo camboyano en la lucha contra el régimen de Pol Pot.  

Por otro lado, la economía nacional se encontraba en graves dificultades debido el bloqueo norteamericano, mientras que las fuerzas reaccionarias dentro y fuera del país intensificaban sus actividades.  

Cabe notar también que ese enfrentamiento histórico amenazó con afectar a las relaciones entre los pueblos de Vietnam y China, país que ofreció un valioso respaldo político, material y espiritual a la nación indochina en sus luchas contra Francia y Estados Unidos.  

En ese contexto, el Buró Político y la Comisión Militar Central del Partido Comunista de Vietnam estuvieron decididos a defender la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la Patria, y a ratificar su justa causa de lucha así como su voluntad de mantener la paz y recuperar los vínculos amistosos entre ambos pueblos.  

Al mismo tiempo, el Partido Comunista identificó como prioridad recabar el apoyo de la comunidad internacional.

El 17 de febrero de 1979, el Gobierno de Hanoi emitió una declaración, afirmando que la acción militar promovida por los líderes chinos contra Vietnam iba en contra de los intereses de su pueblo y socavaba la amistad entre ambas naciones.

El pueblo vietnamita no tuvo otro camino que ejercer su legítimo derecho de autodefensa, declaró.  

A inicios del enfrentamiento, Hanoi decidió no emplear a sus tropas estratégicas y mantener las unidades emplazadas en Camboya, mientras optó por movilizar la fuerza combativa del pueblo y de las unidades militares estacionadas en las localidades limítrofes.

Simultáneamente, elaboró su propio plan de trasladar gradualmente las tropas estratégicas de reserva al campo de batalla, en aras de poder realizar de forma oportuna las operaciones de contraataque y preparar a toda la nación para una posible guerra extensiva.  

Bajo el liderazgo del Partido Comunista, el ejército y el pueblo vietnamita en la frontera septentrional eliminaron una gran cantidad de soldados y medios de guerra del enemigo, obligándole a emplear sus fuerzas estratégicas de reserva.  

Con sus ventajas en cuanto al número de soldados y de equipamiento, China ocupó algunos sitios importantes como Lao Cai (19 de febrero), Cao Bang (24), Cam Duong (25) y Lang Son (5 de marzo).  

Ante esa situación, las unidades de reserva de Hanoi, apoyadas por las tropas locales, se prepararon para la gran batalla.  

Para poner en alto la fuerza integral del todo el país, el 4 de marzo el Comité Central del Partido Comunista dio a conocer un llamamiento en el cual exhortó a todo el pueblo a intensificar la producción para garantizar el respaldo al frente.  

Un día después, el entonces presidente de la nación, Ton Duc Thang, llamó a la participación de los coterráneos en la defensa de la Patria. En respuesta, millones de jóvenes se alistaron voluntariamente en el ejército, mientras las actividades logísticas se aceleraron. 

La determinación de Hanoi, especialmente su plan de contraataque, afectó significativamente a la situación del conflicto y los cálculos de los líderes chinos, a la vez que consolidó la confianza del pueblo vietnamita y de amigos de otros países, sobre todo los camboyanos, recién liberados del régimen genocida, quienes se enfrascaron en proteger el nuevo gobierno.

Los países comunistas, así como las fuerzas progresistas, amantes de la paz y la justicia en general, repudiaron la agresión injusta de China y recabaron el apoyo a favor de Vietnam.  

Impactado severamente al no alcanzar sus objetivos, y condenado enérgicamente por la comunidad internacional, el 5 de marzo de 1979 el Gobierno chino declaró su renuncia a continuar la agresión contra el territorio vietnamita.  

En correspondencia con su vocación humanista, a favor de la paz y las relaciones amistosas entre ambos pueblos, el Gobierno vietnamita ordenó a las fuerzas armadas y a pobladores a poner fin a todas las acciones militares en la frontera norte. El 18 de marzo, el último soldado chino se retiró del territorio del país.

Según el autor, esa victoria se debió a la voluntad férrea de la nación de luchar por la independencia, la libertad y la integridad territorial, la asistencia de la comunidad internacional, la unidad del pueblo, así como a la preparación y capacidad de lucha de un ejército entrenado y fortalecido en el combate.

Y sobre todo, destacó, esa hazaña fue resultado del arte de dirección de guerra independiente, autodeterminado y acertado por el Buró Político y la Comisión Militar Central, que aplicaron las lecciones transmitidas por los antepasados.

Se conjugó el arte militar moderno, con  la voluntad de “contrarrestar la brutalidad y la crueldad con la justeza y la humanidad”, añadió  Khang,  quien reafirmó en su artículo el heroísmo revolucionario de Vietnam en la era de Ho Chi Minh. - VNA