El secretario general saliente de la ASEAN, Le Luong Minh (Fuente: VNA)
 

Manila (VNA)- Entre los días 12 y 14 de noviembre de 2017, se celebró la XXXI cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y sus reuniones paralelas, como la cita ASEAN+1, la XX Cumbre de ASEAN+3 y la XII Cumbre de Asia Oriental en Filipinas, país que ostentó la presidencia rotativa del bloque en este año.

En ese contexto, uno de los temas más delicados debatidos en la magna cita, aunque esta vez con un tono más positivo que en eventos anteriores, fue el de la situación en el Mar del Este. 

En ese sentido, el secretario general saliente de la ASEAN, Le Luong Minh, subrayó que es necesario un Código de Conducta (COC) legalmente vinculante para aliviar las tensiones derivadas de los diversos reclamos territoriales en el Mar del Este, criterio que posteriormente ratificaron algunas naciones. 

En la Cumbre se destacó que la Declaración sobre la Conducta de las Partes Concernientes en el Mar del Este (DOC), que establece pautas flexibles para la realización de acciones en esas aguas ha demostrado ser ineficaz, dando lugar a tensiones que con frecuencia aumentan. 

Pese a evaluar al DOC como un documento importante a nivel político, se reconoció que este no tiene ningún carácter jurídicamente vinculante y que por tanto, las directrices al respecto no se han implementado de manera efectiva o total. 

En agosto de 2017, los Estados miembros de la ASEAN y China adoptaron un marco formal para un COC en el Mar del Este, después de cuatro años de negociaciones. 

Se trata de un paso inicial en el marco de las discusiones para el establecimiento de un COC que mantenga la paz y la estabilidad en la región. 

En el evento se reiteró la posición de la ASEAN, incluidos los principios delineados en el comunicado conjunto de la quincuagésima reunión de Ministros de Asuntos Exteriores de la agrupación en agosto de 2017, que abogan por la seguridad y la libertad de navegación marítima y aérea en la zona; y se respaldaron los esfuerzos destinados a solucionar las disputas mediante medidas pacíficas de conformidad con el derecho internacional, incluida la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) de 1982. 

En el actual contexto, se destacó asimismo la actitud de China, tendente a una reducción de las tensiones y al avance de las negociaciones del texto formal del COC. 

En la actual coyuntura, China -por interés nacional- buscará fortalecer la estabilidad regional y propiciará un mayor acercamiento con los países involucrados en este diferendo. 

 

Sobre este acontecimiento, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, subrayó que cualquier acuerdo que resulte de este proyecto deberá ser respetado.

Tras una reunión en Manila de los cancilleres de la región, Yi afirmó que ha habido al respecto "un progreso realmente tangible" entre China y los 10 miembros de la ASEAN —Malasia, Indonesia, Brunéi, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia, Filipinas y Vietnam— con vistas a prevenir incidentes en las aguas disputadas del Mar del Este. 

Se espera que el nuevo mecanismo —cuyo primer borrador fue aprobado en mayo— reemplace la DOC alcanzada en 2002. 

En ese sentido, Yi afirmó que la situación actual es más relajada y conducente a la estabilidad que hubo en años anteriores entre los Estados reclamantes. 

Se trata de un acercamiento significativo entre China y el bloque sudesteasiático, después de que la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya fallara el año pasado a favor de Manila en el contencioso que mantiene con Beijing en esas aguas. 

El código de conducta marítimo es discutido por China y los 10 países de la ASEAN desde 2010, con el objetivo de resolver las disputas que la segunda economía mundial y varias naciones de la región, entre ellas Filipinas, Malasia, Vietnam y Brunei, mantienen por territorios ubicados en el Mar del Este. 

China no reconoció el fallo de la citada corte de La Haya, al considerarlo "nulo e ilegal", y urgió a que los asuntos se resolvieran entre las partes implicadas.

Con una superficie de aproximadamente 3,5 millones de kilómetros cuadrados, el Mar del Este baña las costas de Brunei, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán y Vietnam. 

 

Tanto su valor en recursos como su centralidad como vía de comunicación juegan un rol cardinal para comprender los ejes de este conflicto.

Los dos archipiélagos más extensos de la zona disputada son Truong Sa (Spratly) y Hoang Sa (Paracel). 

Estos conjuntos de islotes, la mayoría de ellos desiertos e incultivables y que se elevan apenas unos metros sobre el nivel del mar, tienen escaso valor intrínseco, pero ostentan notable importancia toda vez que son esenciales para establecer las demarcaciones internacionales entre los Estados y las respectivas Zonas Económicas Exclusivas (ZEE). 

En el caso del Mar del Este, la superposición de las distintas ZEE constituye la causa de la mayor parte de las disputas en el área.


Las islas son importantes, fundamentalmente, por razones estratégicas y políticas, debido a que los reclamos de soberanía sobre ellas se utilizan para reforzar las reivindicaciones sobre el mar que las rodea y sus recursos. 

Los principales recursos de la zona son los hidrocarburos y las reservas pesqueras, que proveen de alimento a las poblaciones de la región. 

En cuanto a los recursos energéticos, se estima que las aguas del Mar del Este contienen siete mil millones de barriles en reservas de petróleo y un estimado de 900 billones de pies cúbicos de gas natural. 

Dada la imposibilidad de realizar exploraciones debido a las implicaciones de este diferendo regional, los cálculos se han realizado sobre la base de los estimados en áreas próximas a la zona en disputa. 

Más allá de la relevancia de estas aguas por sus recursos naturales, y del potencial que puede significar una ventaja estratégica de suma importancia para quienes logren explotarlas, en la actualidad son las rutas marítimas que cruzan la zona en conflicto el eje de mayor preocupación. 

En esta región, se halla la segunda ruta comercial marítima más importante del mundo por el flujo de bienes que la atraviesan con destino a las mayores economías asiáticas. 

A través de las rutas que surcan el Mar del Este, Sudcorea obtiene el 65 por ciento del petróleo que importa del mundo, Japón y Taiwán el 60 por ciento y China el 80 por ciento del total de su abastecimiento. 

De ahí que el control del Mar del Este sea considerado de interés nacional para el gobierno chino y que su reclamo se extienda al 90 por ciento de esa área marítima. - VNA

 

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