Hanoi (VNA) - Con motivo del 95.º aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas Ho Chi Minh, el secretario general del Partido Comunista de Vietnam, To Lam, destaca el papel central de la juventud vietnamita en la innovación, la transformación digital y el desarrollo del país, así como la necesidad de crear condiciones favorables para que pueda desplegar todo su potencial.
A continuación, la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA) presenta el texto íntegro del artículo del líder partidista.
JUVENTUD PARA EL FUTURO DE LA NACIÓN
To Lam
Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam
El próximo 26 de marzo, la Unión de Jóvenes Comunistas Ho Chi Minh celebrará su 95.º aniversario de fundación, crecimiento y contribución. Al repasar este recorrido glorioso, se fortalece el orgullo por la tradición de las generaciones de jóvenes vietnamitas. A lo largo de las distintas etapas de lucha por la independencia nacional, la defensa de la patria y la construcción y desarrollo del país, la juventud ha sido siempre una fuerza de vanguardia: pionera, sin temor a las dificultades ni a los sacrificios, y dispuesta a entregarse plenamente a la causa revolucionaria. Bajo la gloriosa bandera del Partido, guiados por el querido Presidente Ho Chi Minh y por las generaciones revolucionarias, los jóvenes vietnamitas han escrito numerosas páginas brillantes de la historia, impulsados por nobles ideales, un profundo espíritu patriótico y una firme vocación de servicio.
En todas las etapas de la revolución, la juventud ha desempeñado un papel protagónico como fuerza clave. Incluso antes de la fundación del Partido, los jóvenes vietnamitas ya asumían responsabilidades destacadas. A través de la Liga de la Juventud Revolucionaria Vietnamita y sus organizaciones precursoras, muchos jóvenes patriotas asimilaron tempranamente la teoría revolucionaria, difundieron el marxismo-leninismo, sentaron bases organizativas, formaron cuadros y establecieron los cimientos políticos e ideológicos para el nacimiento del Partido Comunista de Vietnam. Numerosos camaradas y dirigentes históricos del Partido asumieron importantes responsabilidades desde muy jóvenes. Durante las guerras de resistencia, la juventud encarnó el espíritu de “sacrificarse para que la patria viva”, participando activamente en el frente, en las líneas de combate, en la retaguardia, en obras de construcción y en movimientos dinámicos como “Tres listos”, “Tres responsabilidades” y “Cinco voluntarios”. En particular, las brigadas de jóvenes voluntarios se convirtieron en un símbolo luminoso del heroísmo revolucionario, contribuyendo de manera decisiva a la victoria en la causa de liberación nacional. En la etapa de renovación del país, la juventud ha continuado destacándose por su capacidad de adaptación a lo nuevo, con iniciativa y audacia, situándose a la vanguardia en el estudio, la investigación científica, la producción, los negocios y la integración internacional.
En la actualidad, vivimos en una era en la que la fortaleza de una nación se mide cada vez más por su capacidad de innovación, su nivel científico-tecnológico, la calidad de sus recursos humanos y su habilidad para adaptarse a las grandes transformaciones del mundo. La competitividad entre las economías ya no depende principalmente de los recursos naturales o del capital de inversión, sino que se sustenta cada vez más en el conocimiento, la tecnología, los modelos de gestión y el valor agregado. En un contexto global marcado por cambios rápidos, complejos e imprevisibles, la necesidad de construir una economía independiente y autosuficiente, así como de fortalecer la autonomía estratégica del país, se vuelve más urgente que nunca. En este escenario, la innovación ya no puede considerarse una tarea exclusiva de determinados sectores o empresas, sino que debe asumirse como un motor común de desarrollo para toda la nación. Debe permear todos los niveles, sectores, localidades, instituciones y ciudadanos, en particular las nuevas generaciones. Con esta visión, nuestro Partido ha promulgado la Resolución No. 57 sobre avances en el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital nacional, identificándolos como pilares clave para impulsar un crecimiento rápido y sostenible, elevar la competitividad de la economía y reforzar tanto el potencial como la autonomía estratégica del país en la nueva era.
Resulta alentador observar cómo un número creciente de jóvenes vietnamitas demuestra su talento y capacidad en múltiples ámbitos: desde la ciencia, la tecnología de la información, la inteligencia artificial, la biotecnología y la automatización, hasta el emprendimiento innovador, la agricultura de alta tecnología, la economía digital, la educación, la salud, el medio ambiente y la cultura. En muchas localidades, pese a las dificultades, numerosos jóvenes perseveran en la búsqueda de iniciativas en el trabajo, en la transformación digital, en el servicio a la comunidad, en la construcción de nuevas zonas rurales y ciudades modernas, así como en la preservación y promoción de los valores culturales nacionales. Todo ello confirma que la innovación no es un concepto lejano: puede surgir tanto en laboratorios de alta tecnología como en ideas sencillas orientadas a resolver problemas concretos de la población, las empresas, las localidades y el país.
La innovación no se limita a la alta tecnología ni a proyectos de gran inversión. Ante todo, implica la capacidad de identificar aquello que no funciona adecuadamente para proponer soluciones mejores; supone atreverse a cuestionar, a experimentar y a transformar en beneficio del interés común. Es convertir ideas en soluciones, conocimiento en productividad e iniciativas en valor. Así, un joven que desarrolla una nueva tecnología está innovando; también lo hace un ingeniero que optimiza una línea de producción para ahorrar recursos y aumentar la eficiencia; del mismo modo, un médico, un docente o un funcionario joven que aplica la tecnología para servir mejor a la población contribuye al impulso innovador. Allí donde exista el deseo de superación y el compromiso de hacer mejor las cosas por la comunidad, allí estará presente la innovación.
Por ello, la labor innovadora de la juventud no se limita a unos pocos sectores de moda, sino que se extiende a múltiples ámbitos de la vida nacional. En el estudio, los jóvenes deben cultivar el pensamiento crítico y sistémico, desarrollar la capacidad de aprendizaje permanente, dominar lenguas extranjeras, fortalecer sus competencias digitales y aplicar métodos de investigación científica. En el trabajo, resulta esencial valorar la disciplina y respetar los procesos, pero sin caer en la inercia ni conformarse con los logros alcanzados. En la producción y los negocios, es necesario atreverse a aplicar la tecnología, mejorar la calidad de la gestión, elevar la productividad y construir la marca Vietnam sobre la base de la calidad y la innovación. En el sector público, la juventud está llamada a contribuir a la construcción de una administración moderna, transparente, eficaz y eficiente. Asimismo, en los ámbitos cultural, social, ambiental, de defensa y seguridad, los jóvenes deben impulsar activamente nuevas soluciones en la práctica, preservar la identidad nacional y proteger la patria tanto en el espacio físico como en el digital.
No obstante, la verdadera innovación no puede desligarse de los ideales de vida, la ética y la responsabilidad cívica. Los jóvenes deben atreverse a pensar, actuar y experimentar lo nuevo, pero ello no implica proceder de manera arbitraria, precipitada o guiada por modas pasajeras o por la búsqueda de una fama efímera. La innovación debe estar al servicio de la patria y del pueblo, y sustentarse en el respeto a la ley, a la ética, a la cultura, así como a los intereses de la comunidad y de la nación. Una iniciativa solo adquiere su verdadero valor cuando contribuye a mejorar la calidad de vida, a hacer la sociedad más civilizada, a servir mejor a las personas y a fortalecer un país más sólido, independiente y autosuficiente. Cuanto mayor sea la capacidad tecnológica de la juventud y su acceso a lo nuevo, más necesario será mantener firmes los ideales, el temple político, la responsabilidad social y el patriotismo. Solo así se garantiza que la innovación avance en la dirección correcta y se desarrolle de manera sana y sostenible.
Confío en que la juventud vietnamita de hoy tenga siempre presente que el amor a la patria, en la nueva era, no se expresa únicamente a través de sentimientos, sino también mediante el conocimiento, la capacidad de acción, el espíritu de conquista de nuevas cumbres científicas y tecnológicas, y la determinación de forjar el futuro del país. El éxito nace de un espíritu de aprendizaje constante, de superación continua y de una exigencia creciente hacia uno mismo. No hay éxito sostenible sin trabajo riguroso; no hay grandes obras sin una acumulación perseverante; no hay logros auténticos si se depende únicamente de la suerte o de la inspiración momentánea. El camino hacia el éxito exige tanto talento como disciplina, tanto entusiasmo como profundidad, así como grandes aspiraciones acompañadas de humildad y disposición permanente para aprender.
La patria espera de la juventud un espíritu de aprendizaje permanente. En un mundo marcado por cambios vertiginosos, el conocimiento de hoy puede volverse rápidamente obsoleto si no se actualiza. Por ello, aprender no debe limitarse a la etapa escolar o a los primeros años de vida, sino convertirse en una actitud constante. Los jóvenes vietnamitas necesitan actualizar de forma proactiva sus conocimientos, fortalecer sus competencias digitales, su dominio tecnológico, los idiomas, la cooperación internacional y la capacidad de desenvolverse en entornos multidisciplinarios y multiculturales. Sin embargo, aprender no es solo un medio para conseguir empleo o progresar profesionalmente; también es una vía para ampliar la visión, aumentar la capacidad de contribución y garantizar que, cuando la nación lo requiera, cada joven esté preparado -en conocimiento y carácter- para asumir tareas más complejas y de mayor responsabilidad. Un país fuerte en innovación debe ser, ante todo, un país con jóvenes ávidos de aprender y con un entorno que favorezca la transformación del conocimiento en acción.
La juventud debe, además, fomentar con fuerza el espíritu emprendedor, pero sustentado en la inteligencia, la ética empresarial y la aspiración de generar nuevos valores para la sociedad. Emprender no consiste únicamente en alcanzar el éxito personal, sino también en resolver problemas comunitarios, crear empleo y contribuir al fortalecimiento de la autonomía económica. Se espera que los jóvenes empresarios vietnamitas no solo aspiren a construir grandes empresas, sino empresas íntegras; no solo busquen beneficios, sino valores sostenibles; no solo compitan por precios, sino por tecnología, calidad, gestión y prestigio. El país necesita científicos jóvenes que se atrevan a explorar nuevos campos, ingenieros capaces de dominar tecnologías clave, agricultores que impulsen una agricultura inteligente, funcionarios comprometidos con reformas administrativas profundas, artistas que creen obras de valor y soldados preparados para manejar tecnologías modernas en la firme defensa de la patria.
En síntesis, la juventud de hoy puede asumir como principio de acción: “Firmeza y resiliencia – Vanguardia innovadora – Vocación de servicio – Dominio del futuro”.
Para alcanzar estos objetivos, no basta con depositar las expectativas únicamente en la juventud; es necesario el esfuerzo coordinado de todo el sistema político y de la sociedad en su conjunto. El Estado debe continuar perfeccionando las instituciones, eliminar obstáculos y construir un entorno jurídico transparente y favorable a la innovación, que incentive la experimentación y proteja a quienes se atreven a pensar, actuar e innovar en beneficio del interés común. Por su parte, las instituciones educativas deben renovar de manera profunda sus métodos de enseñanza y aprendizaje, priorizando el desarrollo del pensamiento independiente, la capacidad de resolución de problemas, las habilidades de colaboración y la formación práctica. Asimismo, los centros de investigación, las universidades y las empresas deben estrechar sus vínculos, creando cadenas de conexión que vayan de la investigación a la aplicación, de la idea al producto y del laboratorio al mercado. Con un marco institucional abierto, un entorno propicio y una confianza social fortalecida, el potencial creativo de la juventud podrá desplegarse con mayor intensidad y eficacia.
La Unión de Jóvenes Comunistas Ho Chi Minh debe continuar renovando sus contenidos y métodos de acción, para convertirse verdaderamente en un acompañante cercano de la juventud y en una casa común capaz de reunir, motivar, descubrir, formar y apoyar a los talentos jóvenes. El movimiento juvenil debe consolidarse como un entorno en el que las nuevas generaciones se desarrollen en ideales, ética, capacidades y sentido de responsabilidad; al mismo tiempo, debe ser un espacio propicio para identificar nuevos referentes, modelos efectivos, buenas prácticas y ejemplos destacados. Cuando se organiza adecuadamente y se orienta de forma correcta, la juventud puede generar contribuciones concretas y significativas para el país y la comunidad.
Propongo que los comités del Partido, las autoridades, el Frente de la Patria, las organizaciones sociopolíticas, la comunidad empresarial, así como los intelectuales, artistas, docentes, científicos y toda la población, continúen prestando mayor atención al desarrollo de las nuevas generaciones. Es fundamental escuchar la voz de los jóvenes, respetar sus ideas acertadas y acompañarlos en su formación, investigación científica, emprendimiento y desarrollo profesional. Un país que aspira a crecer de manera rápida y sostenible no puede prescindir de la confianza en su juventud. Sin embargo, esa confianza no debe quedarse en palabras, sino traducirse en mecanismos, políticas, recursos y un entorno favorable, junto con el ejemplo, la orientación y la transmisión de responsabilidades por parte de las generaciones precedentes.
Con motivo del 95.º aniversario de la fundación de la Unión de Jóvenes Comunistas Ho Chi Minh, se espera que la juventud vietnamita continúe promoviendo su gloriosa tradición, fortalezca su vocación de servicio, amplíe sus conocimientos, forje su carácter, cultive la ética y eleve su capacidad de innovación; que domine la ciencia, la tecnología y la transformación digital, y avance con valentía hacia nuevos campos, tareas desafiantes y ámbitos inexplorados. Con esta convicción, existen fundamentos sólidos para confiar en que las nuevas generaciones vietnamitas seguirán escribiendo páginas brillantes de la historia nacional con el lenguaje de nuestra era: el del conocimiento, la innovación, la responsabilidad y la incesante aspiración de ascenso./.