Yakarta (VNA) - Escondida en una tranquila calle de Pondok Gede, en la isla de Java, Indonesia, la casa de Lumban Sianipar deja una impresión imborrable en quienes la visitan. No por su arquitectura, sino por su interior: un espacio de más de 500 metros cuadrados organizado como un pequeño “museo de Vietnam”, que alberga cientos de recuerdos de sus años de vida y trabajo en Hanoi.
En la entrada, una gran pintura lacada formada por cuatro paneles que representan vívidamente un mercado rural vietnamita capta de inmediato la atención. Sianipar asegura que es una de sus piezas más valiosas. Aunque en varias ocasiones le han ofrecido decenas de millones de rupias por ella, se ha negado rotundamente a venderla, prefiriendo conservarla como una parte irremplazable de sus recuerdos.
En el interior, la casa se convierte en un recorrido cultural por Vietnam, con paredes decoradas con incrustaciones de nácar, arte en cáscara de huevo, pinturas lacadas y al óleo. Armarios de madera finamente trabajados, cerámica de Bat Trang y diversas artesanías están dispuestos con esmero, creando un espacio elegante y a la vez impregnado de la calidez del carácter vietnamita.
Sianipar siente un profundo orgullo por estos objetos, estrechamente vinculados a su etapa como agregado de defensa de Indonesia en Vietnam. Su familia vivió en la calle Ngo Quyen entre 1994 y 1997, un periodo en el que Hanoi se transformaba tras el programa “Doi Moi” (Renovación). Para él, fue una etapa tranquila y enriquecedora, pese a la distancia de su país. Su esposa y sus tres hijos aún recuerdan las apacibles calles de Hanói, las tiendas de artesanía y su singular gastronomía.
Al evocar sus recuerdos a finales de abril, rememora con claridad las calles festivas adornadas con banderas, especialmente el ambiente solemne que marcó el 20.º aniversario de la Liberación del Sur y la Reunificación Nacional (30 de abril de 1975). Los desfiles militares y las multitudes llenas de orgullo y emoción dejaron en él una huella profunda.
Más allá del paisaje, lo que más valora es al pueblo vietnamita, al que describe como cálido y hospitalario, y que acogió a su familia como propia. Estos vínculos han convertido los objetos de su colección en algo más que simples piezas: son recuerdos cargados de emoción.
Tras regresar a Indonesia, la colección familiar fue evolucionando hasta convertirse en un espacio cultural único, que permite a los visitantes percibir la “esencia de Vietnam” en tierra extranjera.
Hoy, ya retirado con el rango de teniente general, Sianipar sigue activo como profesor en el Instituto Nacional de Resiliencia de Indonesia (LEMHANNAS). A menudo organiza encuentros en su jardín, rodeado de recuerdos vietnamitas, donde comparte su aprecio por el país.
Suele recibir preguntas sobre si vendería alguna pieza, pero su respuesta es siempre la misma: no desea desprenderse de ninguna, ya que cada objeto encierra un recuerdo entrañable.
Su hogar, este “museo” personal, es un testimonio vivo del intercambio cultural y de los lazos duraderos entre Vietnam e Indonesia: un puente silencioso pero firme que conecta a las personas y enlaza el pasado con el presente de forma sencilla y profunda./.