Hung Yen, Vietnam (VNA)- Con cerca de un milenio de historia, el pueblo de Nghia Trai, es famoso por su tradición en el cultivo y procesamiento de plantas medicinales, en especial la flor de crisantemo amarillo (cuc chi en vietnamita).
Ubicado en la provincia vietnamita de Hung Yen, a unos 20 km de Hanoi, este lugar ha sido reconocido durante mucho tiempo como un “pueblo de plantas medicinales” único en Vietnam.
Apenas llega al pueblo, el visitante queda envuelto por un aroma singular: hojas, raíces y flores que se secan al sol y se mezclan con la brisa del campo. Ese olor no solo evoca la naturaleza, sino que también transmite una herencia cultural que se conserva y se comparte de generación en generación.
De acuerdo con la tradición, aproximadamente en 1572, tres generales del rey Ly Thanh Tong llegaron a la zona tras una victoria militar, establecieron asentamientos, cultivaron plantas medicinales y practicaron la medicina para ayudar a la población local.
En su honor, los habitantes construyeron un templo y los veneran como protectores. Desde entonces, el cultivo de hierbas se convirtió en sustento y vocación para los habitantes.
Entre las distintas plantas cultivadas, sobresale el cuc chi, verdadero símbolo del pueblo. Con su intenso color amarillo y su delicado aroma, esta flor se emplea en remedios para la vista, la presión arterial y también como infusión relajante. Al concluir el invierno, los campos cubiertos de flores tiñen el paisaje de tonos dorados, ofreciendo una estampa cautivadora y al mismo tiempo asegurando ingresos constantes para la comunidad.
De unas 560 familias que viven en este pueblo, cerca del 80% participa en el cultivo de plantas medicinales, y casi todos los hogares están involucrados en su producción o comercio. Nghia Trai suministra anualmente al mercado entre 4.500 y 5.000 toneladas de medicina herbal vietnamita y entre 2.000 y 3.000 toneladas de medicina tradicional, con cientos de variedades. Este oficio se ha convertido en un motor de desarrollo para la comunidad.
Los recursos terrestres se aprovecha al máximo: las zonas fértiles se destinan a plantas valiosas, mientras que otras áreas se utilizan para diferentes especies. Incluso en jardines y caminos crecen hierbas medicinales. Los habitantes, desde niños hasta ancianos, conocen bien sus usos: algunas plantas alivian dolores, otras ayudan a desintoxicar o tienen funciones antiinflamatorias.
Un rasgo sobresaliente es que muchas de estas plantas crecen sin necesidad de pesticidas gracias a su resistencia natural, lo que asegura productos limpios y de alta calidad. Una vez cosechadas, las hierbas se lavan, se cortan y se secan con esmero para conservar intactas sus propiedades.
Más allá del cultivo, Nghia Trai se distingue por su tradición médica, que abarca la prescripción y preparación de remedios. Pese a los cambios históricos, esta práctica ha perdurado, y sus habitantes mantienen el principio de anteponer la ética y brindar ayuda a quienes padecen enfermedades, preservando así un legado de solidaridad y conocimiento ancestral.
El pueblo cuenta con cuatro grandes linajes —Do, Nguyen, Tran y Le— cada uno con conocimientos propios. Gracias a este oficio, la vida de los habitantes ha mejorado notablemente, y muchas generaciones han logrado altos niveles educativos.
Nghia Trai mantiene su identidad en medio de la modernidad. El pueblo no solo produce abundantes plantas medicinales, sino que también resguarda un valioso patrimonio cultural. La continuidad de esta tradición demuestra que un oficio sustentado en la ética y la herencia puede mantenerse vivo y vigente a lo largo del tiempo./.