Las aldeas de oficios vietnamitas están realizando esfuerzos constantes y explorando nuevos caminos para mantener viva la llama de su profesión, haciendo frente al acelerado ritmo moderno que ha provocado el olvido gradual de algunos valores artesanales tradicionales.
Con la llegada del Año Nuevo Lunar (Tet), en la memoria de muchos vietnamitas permanece intacto el aroma del incienso, las pinturas folclóricas colgadas en su hogar, el sombrero cónico recién estrenado o el par de esteras extendidas para recibir a los invitados.
Cada uno de estos artículos, en apariencia sencillos, surgieron en las aldeas de oficios tradicionales, sitios donde el Tet solía ser la temporada de mayor actividad comercial del año.
Ante la llegada del Año del Caballo, no pocas aldeas de oficios que abastecen el mercado durante el Tet se enfrentan al riesgo de desaparecer. Esta situación no está relacionada con una disminución de las celebraciones, sino porque el estilo actual de vida ha hecho que los valores artesanales tradicionales queden relegados al olvido.
Cuando se menciona la aldea de Quang Phu Cau, ubicada en Hanoi, muchos recuerdan al instante las imágenes de los manojos de incienso de color rojo rosado secándose por todo el patio del pueblo. El incienso es un elemento indispensable en la vida espiritual de los vietnamitas, fundamentales durante los primeros días del año nuevo.
Pese a su alto valor ceremonial, el oficio tradicional de elaboración de este producto requiere muchas etapas artesanales meticulosas, mientras que cada vez menos jóvenes están dispuestos a comprometerse con un trabajo pesado y de ingresos bajos. Numerosas familias se ven obligadas a cambiar a la producción semiindustrial o a mantener el oficio solo como parte de su memoria.
Del mismo modo, las pinturas de Dong Ho - consideradas un tesoro cultural del Tet tradicional - están desapareciendo poco a poco de los hogares vietnamitas. En el pasado, estas obras eran un elemento esencial en la vida doméstica. Sin embargo, hoy en día el número de personas que adquieren y exhiben estas piezas durante la llegada del Tet se ha reducido de manera notable. Como consecuencia, también disminuye día tras día la cantidad de artesanos que continúan preservando este oficio ancestral.
En la ciudad de Hue, el sombrero cónico de Tay Ho es un símbolo cultural impregnado de belleza tradicional. Pero su elaboración artesanal enfrenta enormes desafíos a medida que muchos jóvenes abandonan sus pueblos en busca de otros empleos mejor remunerados.
Mientras muchas aldeas tradicionales se ven reducidas por la ola de modernización, la comunidad de Thu Xa (Quang Ngai), dedicada al tejido de esteras de junco, todavía conserva parte de su esplendor gracias al cariño por el oficio y la constancia de sus artesanos. Sin embargo, la irrupción de esteras plásticas —más baratas, resistentes y prácticas— ha conquistado rápidamente el mercado, colocando en una posición complicada a las esteras confeccionadas a mano.
Todos estos oficios enfrentan un desafío común: la falta de mano de obra joven para el relevo. Para muchos jóvenes, los trabajos tradicionales ya no son tan atractivos en comparación con empleos industriales, de servicios o tecnológicos que ofrecen ingresos más estables. También es evidente la feroz competencia de los productos industriales, pues la artesanía suele tener precios más altos y tiempos de producción más largos.
Aunque existen innumerables retos, no todas las puertas están cerradas. En numerosas regiones, las aldeas artesanales han empezado a abrirse paso por nuevas sendas al fusionar sus valores tradicionales con propuestas de diseño contemporáneo. Una alternativa prometedora consiste en impulsar el turismo cultural en estas comunidades, convirtiendo los talleres de producción en espacios donde los visitantes puedan vivir experiencias auténticas y participar directamente en las labores artesanales.
Para seguir difundiendo el aliento cultural tradicional desde estas aldeas, se requiere una coordinación armónica entre todos los actores: desde la preparación de las nuevas generaciones para que asuman y continúen el oficio, hasta la concienciación de la sociedad acerca del valor cultural y artístico que encierran los productos artesanales./.