Patrimonio cultural, motor de cohesión comunitaria y desarrollo

En medio del ritmo de la vida moderna, la tradición de “ket cha”, una antigua costumbre de hermanamiento entre aldeas que existe desde hace cientos e incluso miles de años en numerosas comunidades del norte de Vietnam, sigue preservándose como un símbolo de solidaridad, fraternidad y cohesión social.

Numerosas personas asisten a la ceremonia que conmemora el milenario de las relaciones de amistad entre Van Phuc y Nga My. Foto: VNA
Numerosas personas asisten a la ceremonia que conmemora el milenario de las relaciones de amistad entre Van Phuc y Nga My. Foto: VNA

Hanoi (VNA) - En medio del ritmo de la vida moderna, la tradición de “ket cha”, una antigua costumbre de hermanamiento entre aldeas que existe desde hace cientos e incluso miles de años en numerosas comunidades del norte de Vietnam, sigue preservándose como un símbolo de solidaridad, fraternidad y cohesión social.

Los días 18 y 19 de julio de 2026, los habitantes de las aldeas de Van Phuc (comuna de Nam Phu) y Nga My (comuna de Thanh Oai) celebraron su relación milenaria de hermandad.

El acto conmemorativo, celebrado en la casa comunal de Van Phuc, constituyó una oportunidad para repasar la historia de mil años de esta tradición y reafirmar el papel de la comunidad en la preservación y promoción de este patrimonio cultural.

Uno de los momentos más destacados fue el espectáculo artístico “Van Phuc – Nga My: Aldeas ancestrales, una historia que sigue brillando”, el cual recreó el origen de los vínculos entre ambas comunidades a través de escenas de construcción de diques, trabajo colectivo, festividades tradicionales y el ritual de “ket cha”, transmitido de generación en generación durante siglos.

De acuerdo con los testimonios de los ancianos y diversos documentos históricos, esta tradición se remonta al reinado del emperador Ly Thai To, tras el traslado de la capital a Thang Long.

En aquella época, los habitantes de Van Phuc colaboraron en la construcción del dique Dinh Nhi, situado en la aldea de Nga My. A partir de ese esfuerzo conjunto, ambas aldeas establecieron un pacto de fraternidad para apoyarse mutuamente en las labores agrícolas, la prevención de desastres naturales y la vida comunitaria. La relación fue posteriormente reconocida por la corte imperial y ha perdurado durante siglos.

Con el tiempo surgieron normas singulares que aún hoy se respetan: los habitantes de ambas aldeas se tratan como “hermanos”; los jóvenes de una y otra comunidad no contraen matrimonio entre sí porque se consideran miembros de una misma familia; además, mantienen visitas periódicas, participan conjuntamente en ceremonias rituales y se prestan ayuda en asuntos de interés común.

El valor histórico de esta tradición queda respaldado por un conjunto de genealogías de divinidades tutelares, decretos imperiales y siete documentos escritos en caracteres chinos que todavía se conservan en ambas aldeas.

Estos testimonios registran la organización de festividades, los rituales de hermanamiento y numerosas acciones de apoyo mutuo, como la contribución conjunta de recursos y mano de obra para restaurar las casas comunales tras los daños causados por desastres naturales.

El historiador Le Van Lan considera que la tradición de “ket cha” entre Van Phuc y Nga My constituye un caso excepcional dentro de la cultura tradicional vietnamita, no solo por su antigüedad, cercana al milenio, sino también por la continuidad ininterrumpida de estos lazos a lo largo de diferentes etapas de la historia del país.

Esta costumbre sintetiza valores esenciales de la cultura vietnamita, como la solidaridad, la fraternidad, la ayuda mutua y la cohesión social.

Según Van Lan, el mayor valor de esta tradición no reside en sus ceremonias, sino en la filosofía de vida que promueve, basada en la fraternidad y la comunidad como fundamento del desarrollo sostenible. Son principios que mantienen plena vigencia en la sociedad contemporánea.

En el contexto actual, la puesta en valor del patrimonio ya no debe limitarse a su conservación, sino transformarse en un recurso para impulsar el desarrollo cultural, la educación, el turismo y las industrias culturales. Este enfoque coincide con el espíritu de la Resolución 80 del Buró Político, que reconoce la cultura como un recurso endógeno y un motor estratégico para el desarrollo nacional./.

VNA

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