Hanoi - Al comenzar el Año Nuevo lunar, la aldea de La Phu, en las afueras de Hanoi, revive una de las tradiciones más singulares de Vietnam: la procesión del “cerdo sagrado”, un ritual cargado de simbolismo espiritual y profundo arraigo comunitario que rinde homenaje al héroe tutelar de la localidad.
Esta ceremonia, celebrada cada año el decimotercer día del primer mes lunar, rinde tributo a Tinh Quoc Tam Lang, una figura venerada como genio protector del pueblo, quien, de acuerdo con la tradición, sirvió bajo el reinado del Hung Due Vuong VI y lideró tropas para repeler invasiones extranjeras.
En contraste con otros festivales vietnamitas, donde el palanquín que porta al santo concentra la atención, en La Phu el centro de la celebración es el “cerdo sagrado”, representación de los banquetes que el héroe ofrecía a sus soldados antes de las batallas.
De este modo, la ceremonia revive un episodio histórico y consolida el espíritu de gratitud hacia los antepasados.
Preparación meticulosa durante todo el año
La singularidad del festival no solo radica en su ritual, sino también en el cuidadoso proceso de selección y crianza de los cerdos. Desde el segundo mes lunar del año anterior, cada barrio elige uno o dos ejemplares que serán preparados como ofrenda. Para asumir la custodia, las familias son escogidas bajo criterios rigurosos: deben demostrar estabilidad, mantener la armonía en el hogar y contar con una reputación irreprochable dentro de la comunidad.
Los cerdos, siempre machos, deben cumplir estándares físicos precisos: piel rosada sin manchas, cuerpo robusto y proporciones equilibradas. Durante meses, reciben un tratamiento especial que incluye alimentación con arroz glutinoso, huevos y verduras frescas, así como cuidados higiénicos rigurosos. Incluso se les protege del calor con ventiladores y del frío con agua tibia o braseros, mostrando el respeto y la devoción que la comunidad deposita en estos animales.
En los días previos al festival los cerdos deben tener un peso de entre 250 y 270 kilogramos y son sometidos a una dieta vegetariana para asegurar la pureza del ritual.
Una procesión solemne y competitiva
La procesión se realiza la noche del día 13 del enero lunar. Tras ser preparados y decorados con esmero, los “cerdos sagrados” son colocados sobre palanquines y transportados por las calles de la aldea. Cada barrio prepara su propio cortejo, integrado por decenas de personas, incluidos jóvenes seleccionados por su fuerza física para cargar los pesados altares.
Durante aproximadamente dos horas la procesión recorre distintas calles hasta llegar al templo comunal, donde se realiza la ceremonia central. Cada ceremonia incluye tres elementos fundamentales: la mesa de ofrendas, el arroz glutinoso y el cerdo ceremonial.
Uno de los rasgos más distintivos de la festividad es la competencia entre barrios. Cada comunidad adorna su “cerdo sagrado” con un estilo propio, buscando sobresalir por su imponencia y cuidado estético. De acuerdo con la tradición popular, un cerdo presentado con esmero augura prosperidad y buena fortuna para el año que comienza.
A las 9 de la noche, un total de 17 cerdos son llevados al templo bajo la supervisión de los ancianos y el comité organizador. De ellos, se seleccionan los seis más destacados para ser colocados en el santuario principal, mientras que los demás permanecen en áreas exteriores.
La ceremonia de ofrenda se desarrolla entre la medianoche y las dos de la madrugada, dirigida por los mayores del pueblo. Una vez concluido el ritual, los cerdos son devueltos a los barrios, donde se distribuyen entre las familias como símbolo de bendición y prosperidad.
Un patrimonio vivo reconocido a nivel nacional
El festival de La Phu fue inscrito en junio de 2025 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Vietnam, reconociendo así su valor cultural.
Más allá de su carácter festivo, la procesión del “cerdo sagrado” se erige como una expresión viva de la identidad cultural vietnamita. No solo fortalece los vínculos comunitarios, sino que también transmite valores de gratitud, memoria histórica y orgullo nacional, contribuyendo a la preservación de un legado que se ha trasmitido de generación en generación./.