Hanoi (VNA) - El tercer pleno del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam (PCV) del XIV mandato plantea una serie de transformaciones destinadas a liberar recursos nacionales. Entre ellas destaca el paso de una reorganización del aparato estatal hacia el fortalecimiento de la capacidad de liderazgo, la gobernanza y la eficiencia operativa del Partido, el Estado y el conjunto del sistema político.
Más de un año después de la reorganización territorial del país, el aparato administrativo en todos los niveles se ha racionalizado y ganado en eficiencia. Se han eliminado numerosos niveles intermedios, se han redefinido progresivamente las funciones, competencias y responsabilidades de los organismos, se ha impulsado la descentralización y la delegación de atribuciones, y se ha reforzado el papel de las administraciones de base.
En el ámbito central, la estructura del Gobierno pasó de 22 ministerios y organismos equivalentes a 17, mientras que las entidades dependientes del Gabinete se redujeron de ocho a cinco. Paralelamente, se revisó la organización interna de los ministerios y organismos del mismo rango, disminuyendo de forma significativa el número de departamentos, direcciones, subdirecciones y otras unidades similares, además de suprimirse el modelo de departamentos generales.
En el plano local, Vietnam pasó de 63 provincias y ciudades subordinadas al Gobierno central a 34 unidades administrativas de nivel provincial. Asimismo, las divisiones comunales fueron reorganizadas y actualmente suman tres mil 321 unidades, integradas por dos mil 621 comunas, 687 barrios y 13 zonas administrativas especiales, mientras dejaron de funcionar las 696 entidades de nivel distrital.
La racionalización del aparato estatal y del sistema político, tanto a nivel central como local, responde a un objetivo esencial: reducir el gasto corriente, que anteriormente absorbía cerca del 70% del presupuesto estatal, una proporción muy superior al 48-50% registrado en países con administraciones públicas más eficientes.
Un gasto corriente excesivo limita los recursos destinados a la inversión para el desarrollo, aumentando el riesgo de que el país quede atrapado en la llamada trampa del ingreso medio, pierda competitividad y vea comprometidas sus metas de convertirse en una nación de ingresos medianos-altos en 2030 y de ingresos altos en 2045.
Sin embargo, la reorganización administrativa no constituye un fin en sí misma, sino el punto de partida para una transformación de mayor alcance.
Según la visión del secretario general del PCV y presidente de la República, To Lam, esta constituye una condición indispensable para que Vietnam avance hacia una versión más perfeccionada de sí mismo, caracterizada por un Partido con mayor capacidad de liderazgo, un Estado con mejor gobernanza, una administración pública más eficiente, servicios de mayor calidad y una mejora sostenida del nivel de vida de la población.
Desde una perspectiva objetiva, la reorganización contribuye a combatir el despilfarro, reducir la burocracia y racionalizar las estructuras organizativas y los procedimientos administrativos. No obstante, estos esfuerzos perderían sentido si el sistema continuara operando con la misma lentitud e ineficiencia y no se tradujeran en mejoras tangibles para la ciudadanía.
Por ello, la racionalización del aparato estatal solo podrá considerarse plenamente exitosa cuando vaya más allá de la reorganización estructural y se traduzca en un incremento real de la calidad y la eficiencia del funcionamiento de todo el sistema político.
El sistema político vietnamita está integrado por el Partido, el Estado, el Frente de la Patria y las organizaciones sociopolíticas, y se caracteriza por su unidad organizativa bajo el liderazgo del PCV, que ejerce el papel rector sobre el conjunto del sistema.
El primer indicador del éxito de esta transición orientada a liberar los recursos nacionales radica en la capacidad del Partido para formular decisiones estratégicas adaptadas a cada etapa del desarrollo del país. Sus resoluciones y directrices deben responder con rapidez y eficacia a los principales obstáculos que frenan el crecimiento nacional.
El fortalecimiento del liderazgo partidista también pasa por renovar sus métodos de conducción, de manera que las orientaciones políticas se traduzcan con mayor rapidez en acciones concretas y se supere la situación de “buenas resoluciones, pero una ejecución deficiente”.
En cuanto al Estado, una buena gobernanza exige abandonar una gestión fragmentada y localista para avanzar hacia una administración integrada del espacio nacional de desarrollo. Bajo este enfoque, el Estado ejerce su función reguladora mediante políticas macroeconómicas coherentes y crea un entorno de inversión transparente, estable y equitativo.
Al mismo tiempo, un Estado moderno deja atrás un enfoque reactivo basado en resolver problemas una vez producidos y adopta una gestión proactiva, capaz de anticipar y controlar riesgos económicos, ambientales y de seguridad. Asimismo, elimina la superposición de funciones entre organismos y promueve una administración pública sustentada en responsabilidades claramente definidas, con objetivos, tareas, competencias, recursos, plazos y resultados precisos.
Otro rasgo esencial de una buena gobernanza consiste en incorporar de manera amplia las tecnologías digitales a los procedimientos administrativos, situando al ciudadano en el centro de la prestación de los servicios públicos.
La confianza y la satisfacción de la población constituyen, en última instancia, uno de los principales indicadores de la calidad de la gobernanza estatal. Este objetivo solo puede alcanzarse mediante la transición de un “Estado administrador” a un Estado creador y al servicio del pueblo.
La mejora del nivel de vida de la población representa, al mismo tiempo, un indicador clave de la calidad de la gobernanza y la meta común de esta primera etapa de transformación, además de constituir el objetivo central de la estrategia de desarrollo impulsada por el Partido y el Estado.
En consecuencia, todas las políticas y decisiones del Partido y del Estado están orientadas al objetivo supremo de servir a la Patria y al pueblo, elevando de forma sostenida el bienestar material y espiritual de la ciudadanía.
Como afirmó el secretario general To Lam durante la primera asamblea del Comité partidista de Ciudad Ho Chi Minh, celebrada el 14 de octubre de 2025: “La medida del desarrollo en la nueva era no es únicamente la tasa de crecimiento económico, sino también la calidad de vida, el grado de prosperidad y la felicidad del pueblo”./.