Hanoi (VNA)- La Resolución 70-NQ/TW del Buró Político sobre la garantía de la seguridad energética nacional hasta 2030, con visión a 2045, junto con las directrices sobre estabilidad de suministro y precios de los combustibles, muestran la proactividad de Vietnam frente a las fluctuaciones energéticas globales.
Sin embargo, las recientes tensiones en Medio Oriente no solo afectan los precios y el suministro, sino que también exigen acelerar y mejorar la eficacia en la implementación de las políticas establecidas.
Riesgos por dependencia de combustibles fósiles
El sistema energético vietnamita aún depende en gran medida de la energía térmica a base de carbón y gas, mientras que las fuentes renovables no alcanzan a reemplazarlas. Las fluctuaciones internacionales evidencian los riesgos estructurales existentes.
Según Nguyen Quoc Trung, subdirector de la empresa Sistema Nacional de Electricidad y de Operación del Mercado, los conflictos en Medio Oriente han interrumpido rutas estratégicas de transporte energético, elevando fuertemente los precios del petróleo y gas.
Además, señaló, algunos países exportadores de carbón como Indonesia han limitado las ventas externas para asegurar la demanda interna, aumentando la presión sobre el suministro.
En este contexto, a opinión del doctor Nguyen Tri Hieu, el ahorro energético se considera una medida viable a corto plazo. Una reducción del 8–10% en el consumo total permitiría a Vietnam disminuir la presión de inversión en nuevas fuentes de energía y crear margen para el crecimiento.
Asimismo, el sistema eléctrico enfrenta presiones derivadas de la transición energética y del aumento de la demanda. Según Nguyen Quoc Trung, en el contexto de la disminución de las reservas de GNL (gas natural licuado) y gas doméstico, el sur del país podría experimentar dificultades en el suministro eléctrico durante las horas nocturnas, cuando la energía renovable deja de ser efectiva. Estos problemas podrían no ser evidentes en 2026, pero es probable que se manifiesten con mayor claridad entre 2027 y 2028.
Ante la necesidad de garantizar electricidad para un alto crecimiento, el gobierno ha ordenado acelerar la implementación del Plan Eléctrico VIII ajustado, desarrollando de manera simultánea generación y red eléctrica, y ampliando la cooperación regional para diversificar la oferta.
Acelerar la transición energética
La orientación hacia la reducción de la dependencia de combustibles fósiles y el desarrollo de energía limpia se planteó hace años, con la Resolución 70-NQ/TW como guía estratégica a largo plazo. No obstante, los choques geopolíticos recientes muestran que aún existe una brecha entre la planificación y la capacidad de resiliencia real.
El doctor Phung Quoc Huy, del Instituto de Estudios de Energía en Asia-Pacífico (APERC) comentó que sin cambios de política, la dependencia de importaciones energéticas podría superar el 50% en 2060. Si se acelera la transición, este porcentaje podría reducirse al 8%.
La transición energética no solo sirve a la meta de cero emisiones, sino que es un factor clave para la seguridad energética a largo plazo, observó.
Sin embargo, el proceso requiere enormes recursos, estimados en 3.600 mil millones de USD hasta 2060, junto con mecanismos de financiamiento y políticas adecuadas.
Otros especialistas subrayan la necesidad de diversificar la oferta, desarrollar un mercado eléctrico competitivo, fomentar energías renovables vinculadas a almacenamiento y construir redes inteligentes.
Simultáneamente, se debe priorizar la eficiencia energética en sectores de alto consumo como transporte, construcción e industria, mediante el desarrollo de vehículos eléctricos, edificios verdes e innovación tecnológica.
A largo plazo, el ecosistema energético de Vietnam se orienta hacia la diversidad, con energías renovables como núcleo, gas como fuente de transición y el hidrógeno como solución futura, con una implementación coordinada entre generación, red y almacenamiento, siguiendo un plan flexible para minimizar riesgos.
En el contexto actual, las fluctuaciones externas son una “prueba” para la estrategia energética nacional. Garantizar suministro suficiente, uso eficiente de energía y acelerar la implementación de políticas serán factores clave para fortalecer la autonomía, la resiliencia y el desarrollo sostenible del país./.