Hanoi (VNA) - Cada día, millones de informaciones, videos, imágenes y publicaciones circulan por las redes sociales e influyen directamente en la percepción pública. Junto con contenidos positivos que se difunden con rapidez, también proliferan noticias falsas, distorsiones históricas y manipulaciones informativas cada vez más difíciles de detectar.
Sin embargo, en muchos lugares, el trabajo ideológico continúa actuando de manera reactiva, con datos fragmentados y respuestas más lentas que el ritmo de propagación del entorno digital. Esa realidad evidencia la necesidad urgente de construir un “ecosistema ideológico digital”.
El principal obstáculo del trabajo ideológico del Partido en plena transformación digital no es la falta de personal ni de voluntad política, sino la ausencia de conexión y coordinación. Cada organismo dispone de sistemas y plataformas propias, mientras muchas localidades aún procesan la información de forma manual y sin interoperabilidad. En numerosas ocasiones, cuando un asunto “candente” irrumpe en las redes sociales, la información ya se ha propagado durante horas -o incluso días- antes de que las autoridades concluyan los reportes siguiendo mecanismos tradicionales.
Y en el entorno digital, perder unas horas equivale muchas veces a perder la iniciativa.
Actualmente, el ciberespacio no solo es un espacio de comunicación, entretenimiento o negocios, sino también un frente ideológico directo. Los contenidos falsos y distorsionados son cada vez más sofisticados y suelen presentarse bajo formatos aparentemente neutrales, como “otra perspectiva”, “análisis multidimensional” o enfoques “humanistas” sobre la historia.
Especial preocupación genera el llamado “revisionismo histórico suave”, que busca influir silenciosamente en la percepción social mediante videos cortos, películas, podcasts y productos audiovisuales difundidos en plataformas digitales. El riesgo radica en que estos contenidos no niegan abiertamente la historia, sino que apelan a las emociones para moldear gradualmente la percepción pública.
En torno a la Victoria del 30 de abril de 1975 -considerada un hito histórico de la liberación y reunificación nacional de Vietnam-, grupos hostiles han intentado separar el dolor individual del contexto histórico del país, desdibujando deliberadamente la frontera entre lo justo y lo injusto. Muchos contenidos manipulan hechos, alteran materiales audiovisuales y difunden desinformación mediante tecnologías de inteligencia artificial y deepfake. Sin una base sólida de conocimiento, los usuarios pueden verse influenciados sin advertirlo.
Si antes los contenidos falsos aparecían principalmente en pequeños sitios web, hoy basta un video de pocos segundos en TikTok, Facebook o YouTube para alcanzar a millones de personas. Mientras tanto, los métodos tradicionales siguen centrados en detectar tarde y reaccionar cuando la información ya se ha viralizado, lo que deja a numerosas entidades en una posición pasiva.
Datos recientes de la Comisión de Propaganda, Educación y Movilización de Masas del Comité Central del Partido muestran una auténtica “explosión” de contenidos nocivos en internet. Solo entre 2025 y 2026, la cantidad de informaciones tóxicas en el ciberespacio aumentó más de un 300%, y más del 70% estuvo dirigido directamente contra la base ideológica del Partido. El Informe Global de Riesgos 2026 del Foro Económico Mundial también situó la desinformación y la manipulación informativa entre los principales riesgos a corto plazo.
En este contexto, la inteligencia artificial generativa y las tecnologías deepfake están llevando la “guerra de percepciones” a niveles de sofisticación sin precedentes.
Ante este escenario, el trabajo ideológico ya no puede limitarse a reaccionar. La prioridad ahora es pasar de una lógica de “respuesta” a una de “detección temprana, análisis temprano y orientación temprana”. El objetivo para 2030 es garantizar que el 100% de las grandes directrices sean identificadas, explicadas y orientadas desde las primeras etapas, además de reducir a menos de dos horas el tiempo de reacción ante contenidos nocivos graves.
Para lograrlo, resulta esencial crear un ecosistema ideológico digital unificado y conectado en todo el sistema. Con datos sincronizados, los centros de operaciones podrán monitorear en tiempo real las tendencias de la opinión pública, detectar anomalías y reconocer campañas de manipulación o distorsión para actuar oportunamente.
En este modelo, la inteligencia artificial (IA) no reemplazará al ser humano, sino que permitirá procesar enormes volúmenes de información imposibles de gestionar manualmente. De ahí la necesidad de desarrollar y dominar al menos cinco plataformas y herramientas de IA “Make in Vietnam” destinadas al trabajo ideológico antes de 2030.
No obstante, este ecosistema no debe limitarse únicamente a “combatir”, sino también a “construir”. La experiencia demuestra que los contenidos históricos narrados con un lenguaje moderno, cercano y emocional logran una gran capacidad de difusión. Películas, animaciones y productos digitales sobre la historia han despertado un amplio interés entre el público, evidenciando que la tecnología puede acercar el trabajo ideológico a las nuevas generaciones y a los usuarios de redes sociales.
Por ello, construir un ecosistema ideológico digital no significa solamente invertir en software o equipos tecnológicos. El verdadero desafío consiste en crear un espacio comunicativo rápido, atractivo y competitivo frente al flujo caótico de información que domina las plataformas digitales. Porque una información correcta que llega demasiado tarde pierde impacto, mientras que un contenido manipulador, presentado de forma dinámica y emocional, puede expandirse con enorme velocidad.
En consecuencia, el trabajo ideológico debe transformar también su enfoque comunicativo: no solo ser preciso, sino también rápido, cercano y adaptable a los hábitos de consumo informativo de la sociedad digital. Más importante aún, debe dejar atrás la fragmentación y avanzar hacia una coordinación efectiva.
El ciberespacio funciona en tiempo real. Y el trabajo ideológico también debe adaptarse a esa realidad. Preservar hoy la base ideológica no depende solo de mensajes correctos, sino también de la capacidad de actuar de manera oportuna, convincente y proactiva en el entorno digital.
Porque el trabajo ideológico ya no puede seguir yendo detrás de las redes sociales./.