Hanoi (VNA) - Tras casi cuatro décadas de apertura económica, Vietnam ha redefinido su estrategia sobre la inversión extranjera con el objetivo de convertirla en un motor para fortalecer la capacidad interna, elevar la competitividad y reforzar la autonomía de la economía nacional, de acuerdo con la Resolución No. 10-NQ/TW del Buró Político.
La promulgación de la Ley de Inversión Extranjera en 1987 abrió una nueva etapa para el país. En el marco de la política de Renovación (Doi Moi), Vietnam abrió su economía al mundo con el propósito de captar capital, tecnología y experiencia en gestión, elementos considerados esenciales para superar las dificultades económicas e impulsar el crecimiento.
Casi 40 años después, esa estrategia ha transformado la economía vietnamita. El país se ha consolidado como una de las economías más abiertas del mundo, con un comercio exterior equivalente a más del 180% del producto interno bruto (PIB). El sector de inversión extranjera directa (IED) genera alrededor del 75% de las exportaciones y ha contribuido a la industrialización, la creación de empleo, la expansión de los mercados y la incorporación de nuevas tecnologías y modelos de gestión.
Los resultados alcanzados, sin embargo, plantean un nuevo reto: aprovechar mejor los recursos externos para fortalecer la capacidad tecnológica, aumentar la competitividad y reforzar la autonomía de la economía.
En respuesta a ese desafío, el Buró Político aprobó la Resolución No. 10-NQ/TW, que sustituye el enfoque centrado en la atracción de inversión extranjera por otro orientado al desarrollo de la economía con capital extranjero. La norma considera este sector una parte integrante de la economía nacional, junto con los sectores estatal, privado y cooperativo.
La resolución plantea seis cambios fundamentales: pasar de atraer inversión extranjera a desarrollar la economía con capital foráneo; priorizar la calidad, la eficiencia y el valor agregado por encima del volumen de inversión; sustituir los incentivos basados en los insumos por incentivos vinculados a los resultados; evolucionar de un desarrollo aislado de la IED hacia un ecosistema integrado de flujos internacionales de capital; reemplazar un modelo centrado en la gestión administrativa por otro orientado a crear un entorno favorable para la inversión; y pasar de la competencia entre provincias por captar proyectos a una coordinación del desarrollo a escala nacional.
El objetivo es que la inversión extranjera deje de ser únicamente una fuente de financiación y se convierta en un factor clave para fortalecer las capacidades nacionales.
En un contexto de creciente competencia internacional, Vietnam considera que la ventaja ya no depende solo del volumen de capital captado, sino también del acceso a tecnologías estratégicas, la capacidad de innovación, la calidad del capital humano, los estándares de gestión, la participación en las cadenas globales de valor y la resiliencia de la economía frente a las perturbaciones externas.
En ese sentido, el secretario general del Partido Comunista y presidente de la República, To Lam, afirmó que "el capital es muy importante, pero Vietnam necesita, sobre todo, tecnología extranjera".
La declaración refleja la prioridad de atraer inversiones que aporten conocimiento, innovación y métodos avanzados de gestión, además de facilitar que las empresas vietnamitas accedan a los segmentos de mayor valor añadido de las cadenas mundiales de producción.
La estrategia fija objetivos concretos para 2030. Vietnam prevé atraer entre 200 mil y 300 mil millones de dólares en inversión extranjera registrada, con un capital desembolsado de entre 150 mil y 200 mil millones. Del total de las nuevas inversiones, el 75% deberá proceder de economías desarrolladas con fortalezas en tecnología y gestión moderna.
Además, el país aspira a elevar el contenido local en las principales industrias hasta el 45-50%, incorporar unas 10 mil empresas vietnamitas a las cadenas de suministro de compañías con inversión extranjera y lograr que su mercado bursátil sea reclasificado como mercado emergente antes de 2030.
Con este cambio, el éxito de la política de inversión dejará de medirse por el número de proyectos o el volumen de capital recibido y pasará a evaluarse por la transferencia de tecnología, el fortalecimiento de las empresas nacionales y el incremento del valor agregado que permanezca en la economía.
La experiencia de los últimos años demuestra que competir únicamente mediante incentivos fiscales, suelo barato o bajos costos laborales puede generar crecimiento a corto plazo, pero no fortalece la capacidad interna. Las empresas nacionales continúan con una participación limitada en las actividades de mayor valor añadido, mientras que la transferencia tecnológica y el nivel de integración local siguen siendo insuficientes.
Por ello, Vietnam sostiene que no atraerá inversión extranjera a cualquier precio. La prioridad será seleccionar inversionistas comprometidos con el desarrollo a largo plazo, que respeten la legislación, compartan tecnología, contribuyan a la formación de recursos humanos y apoyen el fortalecimiento de las empresas nacionales y la integración del país en las cadenas globales de valor.
Como subrayó To Lam, el espíritu de la Resolución No. 10-NQ/TW es claro: la inversión extranjera no debe sustituir la capacidad interna, sino fortalecerla; no debe perseguir únicamente un crecimiento rápido, sino impulsar un desarrollo sostenible, inclusivo y de alta calidad./.