La luz de Ho Chi Minh ilumina el camino de Vietnam en la nueva era

En un artículo publicado con motivo del 136.º aniversario del natalicio del Presidente Ho Chi Minh, el secretario general del Partido Comunista y presidente de la República, To Lam, reafirmó el valor perdurable del pensamiento del supremo líder como guía estratégica para conducir al país en una nueva etapa de desarrollo, marcada por la modernización institucional, la transformación digital y la aspiración de construir un Vietnam próspero, independiente y sostenible.

El presidente Ho Chi Minh trabajando en el Palacio Presidencial (Hanoi). Foto: VNA
El presidente Ho Chi Minh trabajando en el Palacio Presidencial (Hanoi). Foto: VNA

Hanoi (VNA) - En un artículo publicado con motivo del 136.º aniversario del natalicio del Presidente Ho Chi Minh, el secretario general del Partido Comunista y presidente de la República, To Lam, reafirmó el valor perdurable del pensamiento del supremo líder como guía estratégica para conducir al país en una nueva etapa de desarrollo, marcada por la modernización institucional, la transformación digital y la aspiración de construir un Vietnam próspero, independiente y sostenible.

A continuación, la Agencia Vietnamita de Noticias (VNA) presenta el texto íntegro.

LA LUZ DE HO CHI MINH ILUMINA NUESTRO CAMINO

To Lam

Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam

Presidente de la República Socialista de Vietnam

El 19 de mayo de 2026, todo el Partido, el pueblo y el Ejército de Vietnam conmemoran el 136.º aniversario del natalicio del Presidente Ho Chi Minh en un momento de especial trascendencia para el país. El XIV Congreso Nacional del Partido concluyó con un éxito rotundo y definió las orientaciones estratégicas para conducir a Vietnam hacia una nueva era: la construcción de una nación pacífica, independiente, democrática, próspera, civilizada y feliz, avanzando firmemente hacia el socialismo. Al mismo tiempo, las elecciones de la XVI Legislatura de la Asamblea Nacional y de los Consejos Populares para el período 2026-2031 abrieron una nueva etapa marcada por altas exigencias de renovación del pensamiento, perfeccionamiento institucional, mayor eficacia de la gobernanza y mejor capacidad de servicio al pueblo. El sistema político avanza gradualmente hacia un nuevo modelo organizativo, más compacto y eficiente, que demanda mayores niveles de rendimiento, efectividad y cercanía con la ciudadanía para responder mejor a las necesidades del desarrollo nacional en el nuevo contexto.

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Bui Anh Long, director ejecutivo de TAZMO, inspecciona un robot de transferencia de obleas en la industria de semiconductores antes de su envío. Foto: VNA

En medio de esta gran transformación, cobra aún mayor relevancia el valor perdurable del pensamiento de Ho Chi Minh, fundamento espiritual, antorcha que guía el camino y brújula de todas las victorias de la revolución vietnamita. Si los documentos del XIV Congreso del Partido marcan la nueva ruta de desarrollo del país, el pensamiento de Ho Chi Minh constituye la luz que orienta ese recorrido con firmeza, claridad estratégica, métodos científicos y profunda confianza en el pueblo.

El Presidente Ho Chi Minh no solo encontró el camino para la liberación nacional, sino que también sentó las bases ideológicas para la construcción, defensa y desarrollo de Vietnam en la nueva era. Para él, la independencia nacional estaba inseparablemente ligada a la libertad y felicidad del pueblo y al socialismo. La liberación nacional era apenas el punto de partida de una misión mayor: construir un Vietnam pacífico, unificado e independiente, donde el pueblo fuera dueño de su destino, viviera con bienestar, libertad y felicidad, tuviera acceso a la educación y al desarrollo integral, y pudiera disfrutar de los frutos de la revolución.

Esa dimensión humanista constituye el valor permanente y la vigencia contemporánea del pensamiento de Ho Chi Minh. Sus ideas no solo iluminaron la lucha por la independencia y la reunificación nacional en el siglo XX, sino que continúan orientando la defensa de la soberanía y la integridad territorial, así como el proceso de renovación, reforma y desarrollo rápido y sostenible en el siglo XXI.

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El Departamento de Educación y Formación de la provincia de Hung Yen promueve la integración de las artes tradicionales en las escuelas. La foto muestra a profesores y alumnos de la escuela primaria Duy Nhat (comuna de Vu Tien, provincia de Hung Yen) interpretando la danza Cheo. Foto: VNA

En una etapa en la que Vietnam busca fortalecer su autonomía estratégica y mantenerse al ritmo de las grandes tendencias globales, el pensamiento de Ho Chi Minh se reafirma como soporte espiritual, base conceptual y guía decisiva para la acción.

El XIV Congreso del Partido representa un hito crucial en el desarrollo nacional. Además de hacer balance de los logros históricos alcanzados tras 40 años de Doi Moi (Renovación), el Congreso estableció metodologías, visiones y decisiones estratégicas para el futuro del país. Entre ellas destacan el impulso de un desarrollo rápido y sostenible; la construcción de un Partido y un sistema político íntegros, fuertes y eficientes; el fortalecimiento de un Estado socialista de derecho del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; el desarrollo basado en la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital; la promoción de la cultura y del ser humano vietnamita como motor interno del crecimiento; la consolidación de una economía independiente y autosuficiente, integrada de manera proactiva y profunda en la economía internacional; y el fortalecimiento de la defensa y la seguridad nacionales.

En esencia, estas orientaciones estratégicas representan la continuidad y el desarrollo creativo del pensamiento de Ho Chi Minh en las nuevas condiciones históricas. Su pensamiento no consiste en principios rígidos e inmutables, sino en un sistema vivo de ideas profundamente ligado a la realidad, que toma la práctica como punto de partida, el interés nacional y la felicidad del pueblo como objetivo supremo, y la autodeterminación, la democracia, la innovación y la acción como medios para materializar el ideal revolucionario.

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Actividades de intercambio cultural y artístico de minorías étnicas en la Aldea Cultural y Turística de las Minorías Éticas de Vietnam, el 18 de noviembre de 2025. Foto: VNA

Ante todo, la idea de que “el pueblo es la raíz”, defendida por el Presidente Ho Chi Minh, continúa siendo el eje central de todas las políticas y directrices actuales. Para él, el pueblo es el sujeto de la historia, la fuente inagotable de fuerza de la revolución y el objetivo supremo al que sirven el Partido y el Estado. Todos los beneficios pertenecen al pueblo y todos los poderes emanan del pueblo. Desde el nivel central hasta las bases, las autoridades deben actuar como auténticos servidores públicos. Los cuadros y militantes deben estar cerca de la ciudadanía, comprenderla, confiar en ella, respetarla, aprender de ella y actuar siempre en beneficio del pueblo.

Ese espíritu plantea exigencias claras para el actual proceso de renovación: toda reforma debe situar al pueblo en el centro, orientarse a servirlo mejor y medir sus resultados a través de la satisfacción, la confianza y la felicidad de la ciudadanía. La racionalización del aparato estatal no busca únicamente reducir estructuras y costos, sino acercar las instituciones a la población, agilizar la gestión y mejorar el servicio a ciudadanos y empresas. La descentralización debe aclarar funciones y responsabilidades, al tiempo que fomenta la iniciativa y la creatividad en todos los niveles. La transformación digital, por su parte, debe contribuir a una gobernanza más transparente, moderna, eficiente y accesible.

En segundo lugar, el pensamiento de independencia, autonomía, autosuficiencia y resiliencia, promovido por el Presidente Ho Chi Minh continúa iluminando el camino de Vietnam en un contexto internacional marcado por la competencia estratégica, la reconfiguración de las cadenas de suministro, la cuarta revolución industrial y profundas transformaciones globales. El líder vietnamita insistía en que la independencia nacional debía ir acompañada de capacidad propia y fortaleza interna, apoyándose principalmente en los recursos nacionales, sin dejar de aprovechar el respaldo y la cooperación internacionales, combinando la fuerza de la nación con la fuerza de la época.

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La Conferencia Nacional que resume el trabajo de organización y construcción del Partido en 2025 tuvo lugar el 8 de diciembre de 2025. Foto: VNA

Hoy, esa visión se refleja en la construcción de una economía independiente y autónoma, con alta competitividad internacional, capaz de integrarse profundamente en el mundo sin caer en la dependencia; en el impulso de la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital; y en el dominio de sectores tecnológicos estratégicos y nuevas formas de producción. La aspiración de “situarse al nivel de las grandes potencias de los cinco continentes”, expresada por el Presidente Ho Chi Minh, se ha convertido en una exigencia concreta del desarrollo actual y demanda una profunda renovación del pensamiento y acciones decididas para evitar el rezago, especialmente en materia tecnológica, productividad y calidad del crecimiento.

En tercer lugar, el pensamiento de Ho Chi Minh sobre la construcción del Partido sigue siendo igualmente fundamental para las tareas de fortalecimiento y rectificación del Partido y del sistema político. El líder recordó que el Partido gobernante debía contar con cuadros y militantes imbuidos de ética revolucionaria, austeridad, integridad, rectitud y espíritu de servicio al interés común; preservar la pureza del Partido y ser digno de su papel como dirigente y servidor fiel del pueblo. Para él, la moral revolucionaria era la raíz del revolucionario y la estrecha vinculación con el pueblo constituía la fuente de fortaleza y la condición de supervivencia y desarrollo del Partido.

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El 29 de septiembre de 2025, el secretario general del Partido, To Lam, presidió una reunión del Comité Directivo Central sobre la prevención y el combate de la corrupción, el despilfarro y los fenómenos negativos. Foto: VNA

En las actuales circunstancias, esas enseñanzas adquieren un significado vital. Un país que aspire a desarrollarse de forma rápida y sostenible necesita un Partido verdaderamente íntegro y fuerte, con capacidad política, intelectual, moral y de liderazgo. Un sistema político compacto solo puede funcionar eficazmente con funcionarios competentes, responsables y dispuestos actuar y asumir responsabilidades por el bien común. Del mismo modo, una gobernanza moderna requiere disciplina, transparencia, integridad y rendición de cuentas.

Por ello, la lucha contra la corrupción, el despilfarro, las prácticas negativas y la burocracia no es únicamente una tarea de construcción partidaria, sino también una exigencia del desarrollo nacional. Combatir la corrupción significa sanear el aparato estatal, fortalecer la confianza del pueblo, proteger los recursos nacionales y crear un entorno saludable para el desarrollo. Combatir el despilfarro implica liberar recursos y utilizar de manera eficiente activos públicos, tiempo y oportunidades de desarrollo del país. Combatir las prácticas negativas permite preservar la disciplina, evitar el deterioro del poder y sentar las bases de un desarrollo sostenible, justo y civilizado, mientras que luchar contra la burocracia busca impedir que las instituciones se distancien del pueblo, que las políticas se desconecten de la realidad y que los funcionarios se vuelvan indiferentes ante las necesidades de la ciudadanía.

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La clausura del XIV Congreso Nacional del Partido. (Foto: VNA)

En cuarto lugar, el pensamiento de Ho Chi Minh sobre la gran unidad nacional sigue siendo una fuente estratégica de fortaleza en la nueva era. El líder afirmó que la unidad constituye una tradición invaluable del pueblo vietnamita y un factor decisivo de las victorias revolucionarias. La unidad dentro del Partido, la unidad de todo el pueblo, la solidaridad nacional e internacional, así como la cohesión entre clases sociales, grupos étnicos, religiones y comunidades vietnamitas dentro y fuera del país, forman parte de la estrategia de construcción del poder nacional concebida por el Presidente Ho Chi Minh.

En el contexto actual, la gran unidad nacional no solo es una exigencia política, sino también un motor de desarrollo. Vietnam necesita movilizar plenamente la inteligencia, el talento, las aspiraciones, la creatividad y el espíritu de contribución de todos sus ciudadanos. Obreros, campesinos, intelectuales, empresarios, artistas, jóvenes, mujeres, veteranos, minorías étnicas, comunidades religiosas y vietnamitas residentes en el exterior constituyen fuerzas esenciales para la construcción y defensa de la patria. El desarrollo nacional en la nueva era no puede depender únicamente de los recursos estatales, sino que debe movilizar y conectar todos los recursos sociales y el potencial creativo del pueblo.

En quinto lugar, el pensamiento de Ho Chi Minh sobre la cultura y el ser humano continúa iluminando el camino hacia un desarrollo sostenible. Para él, la cultura debía guiar a la nación, mientras que el ser humano era simultáneamente objetivo y motor de la revolución. El desarrollo no podía limitarse al crecimiento económico, sino que debía incluir la elevación del nivel educativo, la formación ética, el desarrollo cultural y la mejora de las condiciones materiales y espirituales de la población.

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Estudiantes de la escuela secundaria Trung Vuong en Hanoi visitaron al Presidente Ho Chi Minh para desearle una larga vida (mayo de 1956). Foto: VNA

En la nueva etapa, el crecimiento acelerado debe ir acompañado de sostenibilidad; el desarrollo económico debe avanzar junto con el progreso y la justicia social; la innovación tecnológica debe ir de la mano con el desarrollo humano; y la integración internacional debe preservar la identidad cultural nacional. Una nación solo puede considerarse verdaderamente fuerte cuando cuenta con una economía sólida, instituciones modernas, defensa y seguridad firmes, una cultura rica en identidad y ciudadanos plenamente desarrollados.

A la luz de estas ideas, las recientes reformas impulsadas en Vietnam -desde la racionalización del aparato político, la reorganización administrativa y el modelo de gobierno local de dos niveles; hasta la reforma institucional y jurídica; la descentralización, la reforma administrativa y la transformación digital; el desarrollo científico y tecnológico; el fortalecimiento del sector privado y de la eficiencia económica estatal; la construcción de una economía independiente y autosuficiente; el desarrollo cultural y humano; la mejora de la educación, la salud y la seguridad social; así como la integración internacional, el fortalecimiento de la defensa y la seguridad, y la lucha contra la corrupción y las prácticas negativas- deben analizarse siempre bajo la orientación del pensamiento de Ho Chi Minh. Esa referencia es esencial para mantener el rumbo correcto, garantizar que toda renovación permanezca vinculada al pueblo y evitar que el desarrollo pierda la identidad nacional o se aleje de los ideales de independencia y socialismo.

Por ello, la conmemoración del 136.º aniversario del natalicio del Presidente Ho Chi Minh no constituye únicamente un acto de homenaje y gratitud hacia sus inmensos méritos históricos, sino también una oportunidad para que todo el Partido, el pueblo y el Ejército reflexionen sobre sí mismos a la luz de su pensamiento, ética y estilo; fortalezcan su confianza en el camino elegido; y transformen las enseñanzas de Ho Chi Minh en acciones concretas en cada institución, localidad y ciudadano.

Aprender y seguir hoy el pensamiento, la ética y el estilo de Ho Chi Minh no puede limitarse a consignas o declaraciones formales. Lo esencial es traducir esos valores en ética del servicio público, disciplina institucional, cultura de integridad, espíritu innovador, responsabilidad hacia el pueblo y resultados concretos en la vida cotidiana. Cada política acertada debe materializarse en la realidad. Cada decisión debe llegar efectivamente a la ciudadanía. Cada funcionario debe medir su trabajo a través de la satisfacción, la confianza y la felicidad del pueblo.

La nueva etapa de ascenso nacional impone enormes exigencias a todo el sistema político. Vietnam debe mantener la firmeza sin caer en el conservadurismo; innovar sin desviarse del rumbo; crecer rápidamente sin perder sostenibilidad; integrarse profundamente en el mundo preservando su independencia y autodeterminación; construir instituciones más compactas garantizando un mejor servicio a la ciudadanía; y desarrollar vigorosamente la economía asegurando al mismo tiempo el progreso, la justicia social y la felicidad del pueblo. Ese es precisamente el espíritu de Ho Chi Minh en las nuevas condiciones: firmeza en los objetivos, creatividad en los métodos, pragmatismo en la acción, humanismo en los fines, el pueblo como raíz y el interés nacional como prioridad suprema.

Cuanto mayores sean las transformaciones históricas, más necesario será preservar el pensamiento de Ho Chi Minh. Y cuanto más avance Vietnam en el camino de la modernización, más profundamente deberá volver a los valores fundamentales legados por él: independencia y libertad; el pueblo como raíz; unidad nacional; autosuficiencia y resiliencia; austeridad, integridad y rectitud; un Partido limpio; un Estado al servicio del pueblo; y un desarrollo centrado en el ser humano y en la felicidad de la ciudadanía.

Bajo la luz de Ho Chi Minh, con el valor, la inteligencia, la voluntad y las aspiraciones de Vietnam, todo el Partido, el pueblo y el Ejército cumplirán con éxito la Resolución del XIV Congreso Nacional del Partido, alcanzarán las dos metas estratégicas del centenario y harán realidad la aspiración de construir un país poderoso y desarrollado, capaz de situarse junto a las grandes potencias del mundo, tal como siempre deseó el querido Tío Ho./.

VNA

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